Sostener la estabilidad en tiempos de incertidumbre
La economía mundial muestra resiliencia a pesar de las tensiones geopolíticas. Para economías emergentes como la peruana, el desafío radica en preservar la credibilidad como principal activo macroeconómico.
El pasado 14 de abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó su más reciente informe, Perspectivas de la Economía Mundial, el cual describe un escenario de crecimiento económico global moderado. Para 2026, el FMI proyecta un crecimiento del 3.1%, 0.2 puntos porcentuales menos que lo estimado en la edición de enero. Este recorte responde, principalmente, a la incertidumbre política y los efectos de nuevos conflictos sobre los mercados internacionales. En tanto, la inflación global ha mostrado cierta estabilidad, aunque con diferencias entre economías. En países como EE. UU. o la eurozona, esta se mantiene por encima de sus rangos objetivo, mientras que en otros, como algunos países asiáticos, ha regresado a su nivel meta más rápidamente.
Un elemento central del análisis del FMI es el rol que continúan desempeñando los precios de la energía y los alimentos en la dinámica inflacionaria. Estos no solo afectan directamente el nivel de precios, sino también las expectativas de inflación. En un contexto donde se mantienen las presiones sobre los precios —como las derivadas de conflictos geopolíticos o interrupciones en las cadenas de suministro—, el riesgo de que la inflación vuelva a repuntar no es menor. Esto obliga a los bancos centrales a actuar con cautela y no relajar prematuramente su postura.
Al aterrizar este análisis a la región, el informe Perspectivas económicas para las Américas del FMI, del 17 de abril último, introduce un matiz relevante. Para el caso peruano, se proyecta un crecimiento del 2.8%, tanto en 2026 como en 2027, cifras por debajo de las estimaciones de marzo del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), que sitúa el crecimiento en un 3.2% para ambos años (ver Semanario 1297). Esta diferencia sugiere una lectura más cauta por parte del FMI con respecto al entorno externo y los riesgos que enfrenta la economía. En contraste, las proyecciones de inflación muestran una mayor similitud: el FMI estima una inflación del 2.5% en 2026 y el 2% en 2027, mientras que el BCRP proyecta un 2.4% y un 2%, respectivamente. Es decir, existe un consenso claro en torno a que la inflación se mantendrá dentro del rango meta.
Mientras las expectativas de inflación parecen bien ancladas, las perspectivas de crecimiento reflejan un entorno más incierto. En ese sentido, el principal desafío para el Perú no es únicamente mantener la inflación bajo control, sino también asegurar condiciones de estabilidad que permitan sostener el crecimiento.
En este escenario, el Perú parte de una posición favorable. La credibilidad del BCRP ha sido clave para reconducir la inflación hacia su rango objetivo, incluso en un contexto internacional complejo. Este logro no es fortuito, sino resultado de una conducción técnica consistente y de un marco institucional sólido que han permitido anclar expectativas y reducir la volatilidad.
Desafortunadamente, este activo no está garantizado. El inicio de un nuevo ciclo electoral introduce riesgos que no deben subestimarse. Históricamente, estos periodos tienden a estar acompañados de presiones por políticas más expansivas; es decir, un mayor gasto público o medidas para estimular la economía en el corto plazo. En el caso de la política monetaria, cualquier señal de interferencia puede tener efectos inmediatos sobre las expectativas y, por ende, sobre la inflación y el tipo de cambio.
La evidencia internacional es clara: en contextos de alta incertidumbre global, los países con instituciones creíbles logran enfrentar mejor los impactos externos. Por el contrario, cuando esa credibilidad es débil, aumentan la volatilidad y la presión sobre los precios; por consiguiente, tienen un efecto sobre los bolsillos de las familias. Por eso, mantener reglas claras y confianza en las instituciones no solo ayuda a controlar la inflación, sino también a sostener la estabilidad económica en general.
En este contexto, el debate electoral actual debería evitar caer en propuestas que, bajo la promesa de impulsar el crecimiento en el corto plazo, terminen debilitando los fundamentos macroeconómicos. Una política monetaria expansiva sin sustento, cuestionar la autonomía del BCRP o inclusive desconocer su rol pueden tener costos significativos para todos. La experiencia internacional muestra que, cuando se erosiona la independencia de la autoridad monetaria, las expectativas se deterioran rápidamente y la estabilidad lograda se pone en riesgo. Más que buscar atajos, el desafío es preservar las instituciones que han permitido mantener la inflación bajo control y sostener la confianza en la economía.
En suma, la inflación a nivel global viene bajando, pero los riesgos siguen presentes. En el caso peruano, tanto el FMI como el BCRP coinciden en que la inflación se mantendría bajo control, lo que refleja que la política monetaria viene cumpliendo su función. Sin embargo, las diferencias en las proyecciones de crecimiento muestran que el entorno aún es incierto. En un año electoral, pueden ganar espacio propuestas de corte populista que pongan en riesgo la estabilidad, pero el verdadero reto será preservar lo alcanzado y no debilitar un esquema que ha dado buenos resultados.