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Crecimiento al alza en 2026: impulso externo y desafíos internos

27/03/2026 | Por: ComexPerú / Semanario 1297 / Economía
Crecimiento al alza en 2026: impulso externo y desafíos internos

El Perú crecería un 3.2% en 2026 con inflación controlada, impulsado por altos precios de exportación. Sin embargo, riesgos internos y externos ponen en duda la sostenibilidad del crecimiento. 

El pasado 20 de marzo, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) publicó su Reporte de Inflación, correspondiente a marzo de 2026. En este, la proyección de crecimiento de la economía peruana para el presente año se revisó al alza, pues pasa del 3% al 3.2%, aún en un contexto de alta incertidumbre. Más allá de las cifras, resulta clave analizar qué factores están impulsando este crecimiento y qué tan sostenible es en un entorno marcado por riesgos tanto externos como internos.

 

El gran motor del crecimiento: el frente externo

El principal factor detrás de la revisión al alza del crecimiento para 2026 es el desempeño favorable del sector externo, particularmente a través de los términos de intercambio[1], asociados a una alta demanda global impulsada por factores geopolíticos, el desarrollo tecnológico y la transición energética. De acuerdo con el BCRP, los términos de intercambio crecerían un 11.5% en 2026, una corrección considerablemente mayor respecto de la proyección previa (6.4%), impulsada por el incremento en los precios internacionales de los principales productos de exportación del país, como el cobre y el oro (ver Semanario 1262).

 

Asimismo, el aumento en los precios de exportación tiene efectos directos sobre la economía. Cuando el país vende sus productos al exterior —como los minerales— a precios más altos, recibe mayores ingresos por cada tonelada exportada. Esto permite que ingresen más dólares a la economía en relación con los que se utilizan para pagar importaciones, lo que amplía el saldo de la balanza comercial[2] y fortalece la posición externa del país. Así, se proyecta un superávit en cuenta corriente cercano al 3.2% del PBI en 2026.

 

No obstante, este impulso externo también revela una elevada exposición del crecimiento frente a factores exógenos. Si bien los altos precios de los commodities permiten sostener el dinamismo en el corto plazo, no responden necesariamente a mejoras en productividad, inversión o competitividad interna. En ese sentido, el crecimiento proyectado para 2026 recae, en buena medida, en condiciones favorables que no serían permanentes.

 

A pesar de esto, el reciente aumento del precio internacional del petróleo, impulsado por tensiones geopolíticas, también tiene efectos directos y negativos en la economía local. Dado que el Perú es un importador neto de combustibles, este incremento se traduce en mayores costos de producción y transporte, lo que puede presionar al alza los precios internos y afectar el desempeño de diversos sectores. A diferencia de los metales —que impulsan los términos de intercambio—, el petróleo opera en sentido contrario, encarece las importaciones y reduce parte del beneficio externo.

 

Riesgos que limitan el crecimiento

A pesar del impulso proveniente del exterior, el crecimiento proyectado para 2026 enfrenta una serie de riesgos que podrían limitar su sostenibilidad. En primer lugar, el escenario base del BCRP incorpora la presencia de condiciones de un Niño Costero de intensidad débil, el cual restaría alrededor de 0.1 puntos porcentuales al crecimiento económico del año. Este fenómeno afectaría principalmente a los sectores primarios, como el agro y la pesca, así como a sus actividades vinculadas.

 

A ello se suman factores estructurales de carácter financiero. Los retiros de fondos de pensiones registrados en los últimos años redujeron la profundidad del mercado de capitales local, lo que limita la disponibilidad de financiamiento de largo plazo. Esto no solo afecta la capacidad de inversión de empresas y proyectos de infraestructura, sino que también incrementa la exposición de la economía a condiciones financieras más volátiles y debilita uno de los pilares de estabilidad macroeconómica del país.

 

Finalmente, estos riesgos se ven amplificados por un entorno de creciente incertidumbre interna. Problemas como la inseguridad ciudadana y la inestabilidad política continúan afectando las decisiones de inversión y consumo, lo que deteriora las condiciones necesarias para un crecimiento sostenido. En este contexto, factores no económicos adquieren un rol cada vez más relevante, al incidir directamente sobre las expectativas y la actividad económica.

 

El escenario proyectado para 2026 muestra señales positivas en el corto plazo. Un crecimiento del 3.2% y una inflación controlada configuran un entorno de estabilidad macroeconómica. Sin embargo, este desempeño recae en gran medida en condiciones externas favorables que no serán sostenibles siempre. Si bien no es posible incidir sobre los factores externos, sí lo es sobre el rumbo que tomarán nuestras políticas sectoriales, además de las decisiones internas que determinan la inversión, la productividad y la confianza en nuestro país.


[1] Los términos de intercambio reflejan la relación entre los precios de exportación e importación. Su mejora fortalece los ingresos externos, aunque su impacto sobre la economía depende de su adecuada transmisión hacia la inversión y la actividad interna.

[2] La balanza comercial corresponde a la diferencia entre el valor de las exportaciones y las importaciones; es positiva cuando el país exporta más de lo que importa.

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