Prudencia y responsabilidad
Mientras el país espera los resultados definitivos de la elección presidencial, la atención pública se concentra en el proceso de impugnación de actas, particularmente en Lima, donde se encuentra la gran mayoría de los expedientes observados. Es importante recordar que estas impugnaciones no representan la aparición de votos nuevos ni una alteración artificial de la voluntad popular. Se trata, fundamentalmente, de votos ya emitidos que permanecen temporalmente congelados hasta que las autoridades electorales culminen el proceso de revisión y resolución correspondiente.
La tensión política es comprensible en una contienda tan ajustada. Sin embargo, el verdadero desafío para el país no empieza cuando se anuncie al ganador, sino inmediatamente después. Más allá de quién resulte elegido, el próximo Gobierno deberá tener la madurez y actuar con responsabilidad para enviar señales claras, contundentes e inmediatas de estabilidad y confianza.
Los mercados, los inversionistas, los emprendedores y las familias necesitan certidumbre. Por ello, una de las primeras tareas de la nueva administración debe ser tender puentes a los adversarios políticos, enfrentar con firmeza y decisión la inseguridad ciudadana, y ratificar el compromiso con la estabilidad macroeconómica que ha permitido al Perú mantener una posición destacada en la región durante las últimas décadas. En ese sentido, resultará fundamental preservar la autonomía y la solidez institucional del Banco Central de Reserva, así como recuperar el nivel técnico y expeditivo de las entidades clave para el manejo económico del país.
Del mismo modo, la conformación del gabinete ministerial deberá priorizar la capacidad, la experiencia y la vocación de diálogo. Los ministerios vinculados a la economía, las finanzas, la producción y la promoción de inversiones tendrán un papel determinante en la recuperación de la confianza, así como en la generación de oportunidades para millones de peruanos.
Pero la estabilidad, por sí sola, no será suficiente. El Perú necesita crecer, pero sobre todo necesita que ese crecimiento llegue efectivamente a la población. Para lograrlo, el nuevo Gobierno debe reafirmar desde el primer día que la empresa privada seguirá siendo el principal motor de la economía, al generar inversión, empleo formal y desarrollo. Sin inversión privada no habrá recursos para financiar las enormes necesidades sociales que aún persisten en todo el territorio nacional.
Al mismo tiempo, el Ejecutivo debe asumir el liderazgo de una agenda de desarrollo territorial que articule esfuerzos con los Gobiernos regionales y locales. El país requiere un despliegue masivo de infraestructura que cierre brechas históricas y conecte a millones de peruanos con mejores oportunidades. Carreteras, puertos, aeropuertos, redes digitales, sistemas de agua y saneamiento, hospitales y escuelas no son únicamente obras públicas; son herramientas concretas para transformar crecimiento económico en bienestar.
La verdadera medida del éxito del próximo Gobierno no será únicamente el comportamiento de los indicadores macroeconómicos, sino la capacidad de convertir esos resultados en mejores servicios de salud, una educación de calidad, mayor seguridad ciudadana y una conectividad que integre a todas las regiones del país.
Las elecciones terminarán pronto. Lo que comenzará entonces será mucho más importante: la tarea de construir confianza, impulsar inversiones y garantizar que el crecimiento económico se traduzca finalmente en desarrollo para todos los peruanos.