La economía creció en 2025, pero ¿qué tan sólido fue el avance?
La economía peruana cerró 2025 con un crecimiento moderado y una composición sectorial heterogénea, marcada por el impulso de la demanda interna y debilidades persistentes en actividades estratégicas. Las perspectivas para 2026 sugieren un crecimiento similar, alrededor del 2.5%-2.8%, en un escenario de estabilidad macroeconómica, aunque con riesgos externos e internos que limitan el dinamismo.
La economía peruana creció un 3.44% en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), ligeramente por encima de lo registrado en 2024 (3.33%). No hubo un ciclo de fuerte expansión, sino de crecimiento desigual entre sectores. El resultado estuvo en línea con lo proyectado por el Ministerio de Economía y Finanzas en el Marco Macroeconómico Multianual 2026-2029 (3.5%). No obstante, la composición sectorial mostró una dinámica distinta a la esperada, con menor protagonismo de la minería y mayor impulso de la demanda interna.
La construcción destacó como el sector más dinámico de la economía en 2025, con un avance del 6.7%, el mayor crecimiento registrado desde 2021. Este resultado consolidó dos años consecutivos de expansión, luego de la contracción del 7.9% observada en 2023. Este desempeño estuvo asociado al mayor consumo interno de cemento y al dinamismo de la autoconstrucción y la inversión privada, así como al avance físico de obras, especialmente a nivel de municipalidades.
También resaltó transporte y almacenamiento, con un crecimiento del 5% que consolida dos años consecutivos de expansión tras la marcada desaceleración registrada en 2023 (1.3%). Luego de los elevados crecimientos observados en 2021 (17.7%) y 2022 (10.2%), asociados al proceso de reapertura y normalización de la actividad económica, el sector mostró una fuerte moderación en 2023 y una recuperación parcial en 2024 (6.1%). En ese contexto, el desempeño de 2025 refleja una dinámica más estable, vinculada al mayor movimiento interno de bienes y personas.
El sector agropecuario creció un 4.8% en 2025, ligeramente por debajo de lo registrado en 2024 (4.9%). Con esto, se consolidan dos años consecutivos de expansión luego de la contracción de 2023 (2.9%), año afectado por condiciones de un fenómeno del niño de magnitud moderada. El dinamismo estuvo explicado principalmente por el subsector agrícola (+5.5%), impulsado por una fuerte expansión de cultivos agroexportables. Destacó la producción de aceituna, que registró un crecimiento extraordinario de casi doce veces su producción y alcanzó un récord histórico.
También se observaron incrementos relevantes en la producción de mango (+49.4%), uva (+18.7%), palta (+16.8%) y arándano (+13.9%), asociados a mejores rendimientos y mayor superficie instalada. En contraste, algunos cultivos registraron caídas, como páprika (-29.8%), alcachofa (-10.8%) y tomate (-10.1%).
Otros resultados sectoriales relevantes incluyeron la expansión de la administración pública (+4.4%), otros servicios (+4.1%) y los servicios prestados a empresas (+3.7%), en línea con el mayor dinamismo interno. El comercio también avanzó un 3.6%, apoyado en la mayor actividad minorista y automotriz. Por otro lado, el sector telecomunicaciones registró una contracción (-0.4%), mientras que actividades como manufactura (+2.7%); electricidad, gas y agua (+2%), y minería e hidrocarburos (+1.4%) mostraron un desempeño más moderado. El sector financiero prácticamente se estancó, con un crecimiento de apenas el 0.2%.
El crecimiento económico de 2025 fue moderado pero estable, tras consolidar una senda de expansión luego de años de mayor volatilidad. Sin embargo, el dinamismo no fue homogéneo. El crecimiento se concentró en actividades vinculadas a la demanda interna y a una mayor movilidad económica, mientras que sectores con mayor peso y capacidad de arrastre —como minería, manufactura no primaria y telecomunicaciones— registraron un desempeño más moderado.
Hacia adelante, será clave fortalecer la inversión privada, especialmente en minería y manufactura, para ampliar la base productiva y reducir la dependencia excesiva del consumo y la autoconstrucción. Asimismo, sostener el impulso del sector construcción requerirá avanzar en infraestructura y mejorar la eficiencia de la ejecución pública. Con esto en cuenta, el Banco Central de Reserva proyecta un crecimiento del 3% para 2026 (ver Semanario 1286).
Desde una perspectiva internacional, las proyecciones para el Perú apuntan a un dinamismo moderado en 2026. Según la OCDE, la economía peruana crecería alrededor del 2.8% en 2026, en un contexto de recuperación gradual de la demanda interna y estabilidad macroeconómica, aunque sujeta a riesgos externos e incertidumbre política interna. En línea con ello, el Fondo Monetario Internacional proyecta una expansión del 2.7%, sustentada en la consolidación de la inflación hacia su rango meta y condiciones financieras más favorables. Por su parte, el Banco Mundial estima un desempeño ligeramente más conservador, con un crecimiento del 2.5%, lo que refleja un entorno externo menos dinámico y limitaciones estructurales que podrían moderar el ritmo de expansión.
El 2026 no parte de una economía débil, pero tampoco de motores plenamente consolidados. La sostenibilidad del crecimiento dependerá de decisiones estructurales que impulsen productividad, competitividad y mayor valor agregado, en un contexto externo aún incierto y en un año electoral que podría incrementar la cautela del sector privado, además de la necesidad de garantizar estabilidad regulatoria para sostener la inversión.