¿Qué le espera a la economía peruana en 2026?
El último Reporte de Inflación del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) traza un 2026 de estabilidad macroeconómica, crecimiento moderado y riesgos latentes, en un contexto internacional incierto y marcado por el proceso electoral nacional.
El comienzo de un nuevo año encuentra a la economía peruana transitando hacia un entorno de mayor estabilidad tras un periodo marcado por shocks externos, elevada incertidumbre y ajustes de política. En ese contexto, el último Reporte de Inflación del BCRP proyecta un escenario de estabilidad macroeconómica, con inflación controlada, expectativas ancladas y una actividad económica que se expande de manera gradual y ordenada. Sin embargo, también advierte que este entorno favorable no está exento de riesgos, tanto externos como internos.
El escenario macroeconómico para 2026
El BCRP proyecta que la economía peruana crecería un 3% en 2026, una ligera revisión al alza (estimado en un 2.9% previamente) en línea con un mejor entorno internacional y el mayor dinamismo del gasto privado. Este crecimiento estaría sustentado principalmente en la demanda interna, que se expandiría alrededor del 3.5%, impulsada por el consumo y la inversión privada. En particular, dicho consumo crecería cerca del 3%, favorecido por una baja inflación y expectativas macroeconómicas ancladas en un entorno de credibilidad de la política monetaria. Por su parte, la inversión privada mostraría un mayor dinamismo, con un crecimiento proyectado del 5%, gracias a la continuidad de proyectos en marcha, particularmente en el sector minero.
Este dinamismo de la demanda interna no se explica únicamente por factores domésticos. De acuerdo con el BCRP, el entorno externo favorable, reflejado en la mejora de los términos de intercambio[1], eleva los ingresos de exportación, fortalece la posición externa y fiscal, y contribuye a reducir la incertidumbre macroeconómica. Estos canales generan un entorno más propicio para el consumo y la inversión privada. En ese sentido, el impulso externo no se traduce de manera automática en mayor crecimiento, pero sí amplía el margen para que los principales componentes de la demanda interna se consoliden, siempre que existan condiciones que faciliten su transmisión hacia la actividad económica.
Desde el lado de la oferta, el crecimiento estaría liderado por los sectores no primarios —como comercio, servicios y construcción—, hecho coherente con la expansión del gasto privado, mientras que las actividades primarias, como minería, pesca y agricultura, mostrarían un desempeño más moderado. En contraste, la inversión pública mostraría una desaceleración, con un crecimiento proyectado del 1%, luego de varios años de fuerte expansión, especialmente en construcción, lo que refleja tanto un efecto base elevado como limitaciones en la ejecución de proyectos, por lo que su contribución al crecimiento agregado sería marginal. Esta cautela es consistente con lo señalado por el BCRP sobre los incrementos de costos y las ineficiencias recurrentes en la ejecución de proyectos de inversión pública, que limitan su aporte al crecimiento potencial.
Sector externo y finanzas públicas
En el frente externo, el Reporte de Inflación destaca que la economía peruana continuará beneficiándose de un entorno favorable en 2026, sustentado en términos de intercambio históricamente elevados. Para dicho año, el BCRP proyecta que crecerían un 6.4%, explicados por precios aún altos de los principales commodities de exportación, particularmente cobre y oro. Este contexto permitiría que la cuenta corriente de la balanza de pagos registre un superávit del 2.6% del PBI, debido tanto al dinamismo de las exportaciones como a una demanda interna creciente, lo que contribuye a reducir la vulnerabilidad externa de la economía.
Asimismo, la balanza comercial mantendría un superávit cercano al 10.3% del PBI, impulsado principalmente por el dinamismo de las exportaciones y los altos precios de los principales commodities, lo que fortalece la capacidad de la economía para financiar su crecimiento sin recurrir a financiamiento externo. Este contexto externo favorable amplía el margen que sostiene el crecimiento interno, aunque su aprovechamiento efectivo dependerá de la capacidad de la economía para transformar estos ingresos en mayor inversión y actividad productiva.
En conjunto, el escenario planteado por el BCRP sugiere que 2026 será un año de continuidad macroeconómica, con inflación controlada, crecimiento moderado y fundamentos externos y fiscales aún sólidos. Sin embargo, este desempeño también estará expuesto a factores no económicos, entre ellos el proceso electoral, que podría introducir episodios de cautela en las decisiones de consumo e inversión, aunque con un impacto potencialmente menor al observado en campañas previas.
En un entorno internacional todavía incierto y con un espacio fiscal más acotado, preservar la credibilidad de la política monetaria y fiscal pasa por reforzar la continuidad y previsibilidad del marco macroeconómico, evitando cambios abruptos que puedan amplificar la incertidumbre política y afectar el crecimiento. En este marco, el principal desafío no es alterar el rumbo macroeconómico, sino agilizar la ejecución, mejorar la gestión pública y generar condiciones que permitan aprovechar el actual entorno externo favorable. Convertir términos de intercambio elevados en mayor inversión y crecimiento sostenido requerirá menos cambios de reglas y más capacidad de ejecución.
Más que un año de aceleración, 2026 se perfila como una prueba de la capacidad del país para transformar estabilidad macroeconómica en crecimiento, en un contexto electoral exigente.
[1] Los términos de intercambio reflejan la relación entre los precios de exportación e importación. Su mejora fortalece los ingresos externos, aunque su impacto sobre la economía depende de su adecuada transmisión hacia la inversión y la actividad interna.