Brechas de conectividad en la educación peruana
La disposición del Gobierno de forzar una transición hacia la virtualidad educativa en Lima Metropolitana y el Callao, debido al corte de gas natural vehicular, evidenció una preocupante falta de previsión estatal. Peor aún, se ignora que el país carece de la infraestructura escolar en materia de conectividad, más aún en zonas rurales.
De acuerdo con cifras del INEI, al tercer trimestre de 2025, el 78.7% de los hogares en Lima Metropolitana cuenta con acceso internet y el 55.4% de ellos tiene al menos una computadora. Mientras que, en el área rural, el 23.6% de hogares cuenta con acceso a internet y el 11%, con al menos una computadora.
Convengamos en que, por más despliegue tecnológico, este resulta ineficaz sin habilidades comprobadas. Así, apenas entre el 22% y el 33.7% de los docentes de educación básica habían sido capacitados en tecnologías de la información antes de forzar la virtualidad en 2019, según la Defensoría del Pueblo. Al respecto, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) advierte que el manejo de entornos digitales sigue siendo una de las mayores brechas formativas en el país, con un 66% de maestros peruanos que demandan capacitación para utilizar estas herramientas.
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la disparidad en conectividad al interior del país se explicaría por el elevado costo de la banda ancha fija (el plan básico mensual más económico que ofrece al menos 5 GB de datos), el cual representa, en promedio, el 5.4% del PBI per cápita departamental. Por ejemplo, en departamentos como San Martín, Amazonas, Ucayali, Cajamarca y Puno, dicho costo bordea o supera el 10% del PBI per cápita departamental, lo que convierte a este servicio en una opción económicamente inaccesible para los hogares más vulnerables.
Las diferencias observadas en los hogares se amplifican en los colegios. Según los resultados de la prueba PISA 2022, el 83% de los estudiantes matriculados en colegios tanto públicos como privados del estrato socioeconómico más bajo carece de recursos digitales[1] frente al 21% en escuelas del estrato más alto. Dicha diferencia de 62 puntos porcentuales (pp) supera ampliamente al promedio de la OECD (9 pp) y ubica al Perú como la segunda mayor brecha en LATAM; en contraste, Chile (27 pp) y Brasil (24 pp) lideran el cierre de esta diferencia.

¿Qué se necesita para revertir la situación?
Además de una infraestructura adecuada, se requiere garantizar la asequibilidad. La UIT establece que la banda ancha de entrada debe costar menos del 2% del PBI per cápita para garantizar su acceso. Para lograrlo en las poblaciones más pobres, la OCDE recomienda implementar mecanismos de apoyo dirigidas a mejorar la capacidad de pago directa de los usuarios.
Tomemos el caso de Chile, donde se tiene el programa de subvención escolar preferencial, el cual transfiere fondos estatales directamente a los colegios en función de la cantidad de alumnos vulnerables que matriculen, exigiéndoles a cambio eliminar el cobro de pensiones a estas familias y dotándolos de los recursos necesarios para adquirir equipamiento digital.
Algo no menor es promover la inversión privada mediante la eliminación de trabas regulatorias, por ejemplo, modificar la metodología de renovación de concesiones para evitar penalizaciones múltiples y reducir el coeficiente por bandas de frecuencias para espectros mayores a 3.5 GHz, de modo que se abarate la expansión de redes (Semanario 1276).
El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) estableció el Plan Nacional de Infraestructura Sostenible para la Competitividad 2022-2025 (PNISC), con el fin de cerrar las brechas de infraestructura a nivel nacional. Sin embargo, los proyectos del sector comunicación acumulan un avance promedio de 64.3% al 12 de marzo último. El más avanzado es el proyecto de instalación de banda ancha en Ica (93.4%); mientras que proyectos como la instalación de banda ancha en Piura (38%) y Cajamarca (28.9%) acumulan un avance menor al 40%. Preocupa el avance de las redes de comunicación en Napo-Putumayo (1.7%) y Manseriche (0.4%), que en cinco años acumulan un progreso mínimo, casi nulo.

Como en muchas otras áreas, urge tomar acciones. Cualquier otra contingencia bien podría derivar (correcta o incorrectamente) en clases virtuales, y no estamos preparados del todo como país.
Las advertencias de la OCDE y la UIT son claras: la infraestructura es inútil si las escuelas carecen de equipos, las familias rurales no pueden costear el servicio y los docentes no poseen habilidades digitales. El Perú no puede darse el lujo de paralizar su sistema educativo frente a cada contingencia. Revertir esta situación exige abandonar el letargo en la ejecución de obras, destrabar la inversión privada y garantizar una gestión pública responsable que asegure la continuidad del desarrollo.
[1] Entre ellos, se tiene a las computadoras de escritorio, laptops, tabletas y la conexión a internet.