Una transición a la altura del país
El nuevo presidente debe ejercer una gestión transitoria con honestidad, decencia e integridad, en beneficio de todos los peruanos. No hay espacio para protagonismos ni para intereses particulares o partidarios. La prioridad debe ser el país.
Esta corta gestión tiene tres encargos fundamentales. El primero es garantizar elecciones limpias, seguras y transparentes. La legitimidad del próximo Gobierno dependerá de la confianza ciudadana en el proceso electoral. Ello exige neutralidad absoluta, respeto irrestricto a las instituciones electorales y un mensaje claro de que el poder no se utilizará para inclinar la balanza. La transición debe ser ejemplar.
El segundo frente es la seguridad. La inseguridad ciudadana y el avance de las economías ilegales están erosionando la convivencia social y la autoridad del Estado. En este ámbito, el sector minero adquiere especial relevancia. La expansión de la minería ilegal no solo destruye el medio ambiente, sino que financia redes criminales, genera violencia y distorsiona mercados. Se requiere una estrategia integral que combine inteligencia, presencia efectiva del Estado, formalización viable y firmeza frente a la ilegalidad. La autoridad no puede retroceder.
El tercer eje es la economía. La volatilidad política tiene consecuencias directas sobre la inversión, el empleo y el crecimiento. Crecer al 3% es insuficiente para un país con profundas brechas sociales. Necesitamos tasas superiores al 6% para reducir la pobreza de manera sostenida y generar oportunidades reales. Para ello, es indispensable dar continuidad a las políticas que vienen funcionando: el shock desregulatorio, la simplificación administrativa, la apertura comercial y la promoción decidida de la inversión privada, de todo tamaño, principal motor de nuestra economía. Los ministros encargados de estas materias, como MEF, Mincetur, Produce y RREE, deberían seguir en funciones.
Por otro lado, deben mantenerse las acciones preventivas frente a un eventual fenómeno de El Niño, así como avanzar con responsabilidad en la reestructuración de PetroPerú, a fin de que no continúe siendo una carga para las finanzas públicas. A esto se suma una tarea impostergable: ordenar el sistema de salud, hoy en un estado calamitoso que afecta directamente la calidad de vida de millones de peruanos.
Señor presidente, representar a la nación, aunque sea por un periodo breve, es un honor. Usted no está allí por voto popular, sino por circunstancias excepcionales. Precisamente por ello, el estándar debe ser más alto. Como conocedor de la historia, sabe que el juicio final no lo dictan las coyunturas, sino el legado. De usted depende cómo será recordado. Esperamos que esté a la altura del desafío.