Actualidad, Impacto Regulatorio

Octógonos y el debate sobre su efectividad en el Perú

17/04/2026 | Por: ComexPerú / Semanario 1299 / Actualidad
Octógonos y el debate sobre su efectividad en el Perú

La implementación de los octógonos ha representado un avance en términos de transparencia informativa, pero sus efectos sobre el gasto en alimentos no habrían sido los esperados. Esto refuerza la necesidad de centrar el debate no en la existencia del etiquetado frontal, sino en su diseño. 

En junio de 2018, en el marco de la Ley N.° 30021, se aprobó, mediante el Decreto Supremo 012-2018-SA, el manual de advertencias publicitarias, con el objetivo de mejorar las decisiones de consumo y promover una alimentación más saludable. En esencia, esta norma introdujo los octógonos que se observan en los empaques de los alimentos procesados. Más allá de la importancia de brindar información relevante al consumidor, la discusión de hoy se centra en una pregunta clave: ¿ha sido efectivo el diseño elegido para cumplir ese objetivo?

 

A partir de las estimaciones realizadas[1] con la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), del Instituto Nacional de Estadística e Informática, es posible analizar el impacto de los octógonos sobre el gasto en alimentos para el período 2019-2024. Los resultados arrojan que no existe una reducción en el gasto en productos procesados que cuentan con estas advertencias. Por el contrario, se identifica un incremento leve en el gasto semanal realizado por los hogares en distintos productos[2]. Esto sugiere que la presencia de octógonos no ha generado un cambio estructural en el patrón de consumo de los hogares peruanos.

 

Sin embargo, dicho resultado oculta diferencias relevantes según el tipo de producto. En el caso de las bebidas azucaradas, se observa una reducción en el gasto cercana a S/ 0.28 por producto adquirido semanalmente por el hogar, lo que es consistente con la evidencia internacional, que señala que este tipo de productos suele ser más sensible a intervenciones informativas y regulatorias.

 

En contraste, en la categoría dulces, la reducción del gasto es más moderada (-S/ 0.12). No obstante, estos efectos coexisten con un incremento leve en el gasto agregado en productos con octógonos, estimado entre S/ 0.08 y S/ 0.18 por producto adquirido semanalmente por el hogar, lo que evidencia que no se trata de una reducción generalizada, sino de una recomposición del consumo. Los hallazgos indican que el impacto del etiquetado no es uniforme, sino que se concentra en ciertos segmentos específicos del consumo.

 

Asimismo, se identifican diferencias importantes a nivel regional. En Lima Metropolitana y otras zonas de la costa, el gasto en productos con octógonos muestra una mayor persistencia, con incrementos en el gasto semanal cercanos a S/ 0.18 por ítem, mientras que en regiones de la sierra y la selva los efectos son más atenuados (+S/ 0.08). Estas diferencias estarían asociadas a factores estructurales como el nivel de ingreso, el acceso a información y la disponibilidad de productos sustitutos. En contextos donde existen más alternativas y mayor exposición a información nutricional, los consumidores pueden ajustar sus decisiones en el margen, es decir, sustituyendo algunos productos por otros más saludables dentro de su canasta de consumo, mientras que en otros entornos las posibilidades de sustitución son más limitadas.

 

La evidencia sugiere que los hogares peruanos han realizado ajustes parciales en su consumo al reducir el gasto en algunos productos específicos, pero sin modificar de manera significativa su gasto total en alimentos procesados. Es decir, se observan cambios en el margen, pero no un cambio en el comportamiento agregado. Esto plantea interrogantes sobre la capacidad del sistema de octógonos para inducir transformaciones más profundas en los hábitos de consumo.

 

En este contexto, resulta relevante retomar el debate sobre el diseño del etiquetado frontal. Desde su implementación, ComexPerú ha sostenido que, si bien no se opone al uso de herramientas que informen al consumidor, sí existen cuestionamientos sobre la efectividad del esquema adoptado. El principal problema no radica en la provisión de información, sino en la forma en que esta se presenta. El sistema de octógonos transmite una señal binaria —advierte si un producto es “alto en” ciertos nutrientes críticos[3]—, pero no permite al consumidor comparar entre alternativas ni evaluar grados relativos de calidad nutricional.

 

Existen experiencias internacionales que han optado por esquemas distintos, orientados no solo a advertir, sino también a guiar las decisiones de compra. Un ejemplo es el sistema Nutri-Score, utilizado en varios países europeos, que clasifica los productos en una escala de cinco niveles, desde la categoría “A” (más saludable) hasta la “E” (menos saludable), acompañada de un código de colores que va del verde al rojo. Este tipo de sistema ofrece una señal más completa, lo que permite al consumidor comparar productos dentro de una misma categoría y tomar decisiones más informadas. 

A la luz de la evidencia disponible, el caso peruano sugiere que un sistema basado únicamente en advertencias sería insuficiente para generar cambios significativos en el comportamiento agregado de los hogares. Si bien los octógonos cumplen un rol importante al visibilizar el contenido nutricional de los productos, su capacidad para modificar hábitos de consumo parece limitada cuando no se complementa con herramientas que faciliten la comparación y elección entre alternativas. Evaluar opciones que permitan orientar de manera más efectiva las decisiones del consumidor e incorporar lecciones de la experiencia internacional será clave para fortalecer el impacto de estas políticas en la promoción de hábitos de consumo más saludables.


[1] Nota metodológica: las estimaciones se realizan mediante un modelo econométrico de diferencias en diferencias (DiD), que identifica el efecto del etiquetado al comparar la evolución del gasto entre productos tratados y de control en periodos pre y post implementación. Se incorporan también controles sociodemográficos y efectos fijos de año. 

[2] Las estimaciones no ajustan los valores por inflación, ya que el análisis se enfoca en cambios relativos entre grupos y periodos. Las variaciones de precios agregadas son capturadas mediante efectos fijos de año, por lo que no afectan la validez de los resultados.

[3] Nutrientes críticos: azúcar, sodio, grasas saturadas y grasas trans.

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