La infraestructura educativa no está preparada para el Fenómeno el Niño
Se espera que el Niño costero se prolongue hasta el verano de 2027, lo que pondría en riesgo la infraestructura educativa y agravaría aún más la brecha que todavía no se ha cerrado. Por ello, se deben tomar medidas de prevención para tener infraestructura resiliente antes del nuevo año escolar, en lugar de depender de mecanismos de respuesta después de los desastres.
Durante la temporada de lluvias intensas e inundaciones de 2023, el fenómeno de El Niño (FEN) afectó a 2,865 instituciones educativas a nivel nacional y paralizó las clases para aproximadamente 89,000 estudiantes y 5,800 docentes, según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). Los daños en las instituciones educativas, la pérdida de material de aprendizaje y el uso de escuelas como albergues dejaron a 72,271 estudiantes sin acceso a educación durante la emergencia activa.
De acuerdo con el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), 32,172 instituciones educativas están en alto riesgo de inundación, lo que amenaza los estudios de escolares y universitarios. Estas representarían el 27.8% del total de instituciones existentes, según cifras del Ministerio de Educación (Minedu). El departamento con mayor número de instituciones en riesgo es Lima (4,487), seguido por Junín (2,522), Puno (2,176), Loreto (2,113) y Cajamarca (1,955).
La brecha en infraestructura educativa aumentaría como producto de las lluvias, inundaciones y movimientos de masas. Esta brecha alcanzó la cifra de S/ 166,853 millones al cierre de julio de 2025, según los resultados del Plan Nacional de Infraestructura Educativa (PNEI). Con el fin de enfrentar dicha situación, el presupuesto de proyectos de inversión física para reducir la brecha de infraestructura fue de S/ 5,176 millones en 2025; sin embargo, el nivel de ejecución alcanzó los S/ 3,032 millones, solo el 58.6% del gasto programado.

Este rezago físico no responde a la falta de fondos asignados a los proyectos de inversión establecidos en programas presupuestales de infraestructura (PP068, PP090, PP106 y PP147)[1], sino a una inadecuada programación de los recursos —que en varios años superó lo proyectado por el PNEI para cumplir las metas físicas—, combinada con una constante subejecución. Esta ineficiencia está más presente en el Gobierno nacional, que apenas ejecutó el 28.5% de su PIM de inversión en infraestructura (S/ 82 millones de S/ 288 millones), frente a una ejecución del 62.7% y el 57.5% de los Gobiernos regionales y locales, respectivamente.
¿Qué es el PNEI y por qué importa para la prevención?
El PNEI está diseñado para ordenar, priorizar y planificar la inversión pública dirigida a reducir las brechas de infraestructura en las escuelas estatales del país. Sus objetivos estratégicos son mejorar las condiciones, la capacidad, la gestión y la sostenibilidad de los locales escolares públicos, lo que incluye terrenos, edificaciones, mobiliario y equipamiento, para asegurar que el servicio educativo se preste en entornos adecuados y seguros.
La gestión del plan opera bajo un modelo de competencias descentralizadas, liderado a nivel nacional por el Ministerio de Educación (Minedu), con el apoyo del Programa Nacional de Infraestructura Educativa (PRONIED) para ejecutar las obras nacionales, mientras que las Direcciones Regionales de Educación (DRE) deciden qué colegios priorizar en sus regiones y las Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) detectan y reportan las necesidades cotidianas de los colegios.
Sin embargo, la evaluación evidenció que la gestión de proyectos de infraestructura requiere fortalecimiento de capacidades en las DRE y UGEL. Entre 2027 y 2025, el avance acumulado en el cumplimiento de los objetivos estratégicos fue del 11.2%, a pesar de que se ejecutó el 73% (S/ 29,797 millones) de los recursos proyectados en 2025. Es decir, no hubo mejoras suficientes en las condiciones de infraestructura educativa, lo que constituye un rezago crítico en la ejecución de medidas preventivas e incrementa la vulnerabilidad de las instituciones educativas.
Frente al próximo FEN 2026-2027, el Estado no necesita diseñar nuevos instrumentos, sino ejecutar las estrategias que ya existen. De acuerdo con la evaluación del PNIE al cierre de 2025, las intervenciones de rápida implementación para reducir la vulnerabilidad física sufrieron una parálisis a lo largo de todo el plan (2017-2025). Así, la instalación de aulas provisionales tras demoliciones preventivas de estructuras escolares declaradas en alto riesgo apenas alcanzó un 4.35% de ejecución frente a una meta programada del 59% al cierre del plan en 2025.
Del mismo modo, el reforzamiento incremental, aquellas intervenciones progresivas, de menor costo y rápidas de ejecutar en locales existentes orientadas a reducir su vulnerabilidad estructural, solo registró un avance del 8.7%. Las intervenciones contingentes diseñadas para actuar físicamente de forma rápida mediante obras temporales de mitigación y protección ante situaciones de riesgo inminente apenas alcanzaron un 6.4%. Por último, el despliegue de módulos adaptados para la Amazonía (Plan Selva), que provee infraestructura prefabricada adaptada a las condiciones climáticas de la zona, reportó un 2.3% de ejecución real.
Por lo tanto, la continuidad del plan, mediante el PNEI 2028-2038, debe orientarse a corregir estas debilidades estructurales: mejorar la coherencia interna, garantizar la viabilidad operativa y financiera, fortalecer las capacidades institucionales y consolidar los sistemas de monitoreo. Además, optimizar el desempeño de las DRE y las UGEL no pasa únicamente por asignaciones presupuestales incrementales, sino por resolver su déficit de personal capacitado para la supervisión (ver Semanario 1200).
[1] PP068: reducción de vulnerabilidad y emergencias; PP090: educación básica regular; PP106: educación inclusiva, y PP147: educación superior.