El turismo frente al FEN
Luego de registrar retrocesos mensuales en abril, mayo y junio, 327,936 turistas internacionales ingresaron al país en julio, un 3.4% más que en el mismo mes de 2025. Con ello, los resultados acumulados a julio representan una caída del 0.1% frente al año pasado y son un 24.5% menos que en 2019. En un sector sensible a las condiciones climáticas y del entorno, mitigar los posibles impactos del fenómeno de El Niño (FEN) será determinante para el desempeño de la industria en el corto plazo.
No es novedad que la recuperación del turismo receptivo en el país se encuentra rezagada luego de más de 6 años desde el inicio de la pandemia de Covid-19. Sin embargo, los resultados de los últimos meses no solo no han impulsado una mejora en la recuperación; por el contrario, el país ha retrocedido incluso frente al año pasado. Luego de que, durante todo el segundo trimestre del año, la llegada de turistas internacionales haya registrado retrocesos interanuales, en julio último se registró el primer resultado positivo desde marzo. El crecimiento fue del 3.4%. Con este resultado, el acumulado a julio representa una caída del 0.1% frente a enero-julio de 2025 y es un 24.5% menos que en el periodo equivalente de 2019.
Otro indicador clave es el ingreso de divisas por concepto de turismo receptivo. Esto es el dinero que dejan los viajeros internacionales en su visita al país. Este monto se distribuye entre los gastos que generan en transporte (vía aérea, terrestre, etc.), así como en el consumo que realizan durante la visita: alojamiento, restaurantes, agencias de viaje, etc.
Pese a la lenta recuperación en la llegada de turistas, las divisas han mostrado un mejor desempeño. Registran una variación positiva ininterrumpida desde el segundo trimestre de 2021. Además, en el segundo trimestre de este año se registró el ingreso de US$ 1,400 millones por este concepto, un 5.4% más que en el mismo periodo de 2025, según cifras del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Con esto, el resultado acumulado al primer semestre del año suma US$ 2,735 millones, un 8.8% más que en el periodo similar de 2025 y un 20.7% por encima de 2019. El mayor volumen de divisas, en contraste con el número de turistas, estaría asociado a un mayor gasto del visitante extranjero frente a niveles observados en años anteriores, así como también a un componente inflacionario.
El turismo depende de una cadena de servicios y condiciones que deben funcionar de manera articulada: carreteras, aeropuertos, servicios de transporte, hoteles, restaurantes y atractivos turísticos. Una interrupción en alguno de estos componentes puede afectar la experiencia del visitante e incluso impedir que llegue a su destino. De hecho, ya hemos experimentado este tipo de sucesos en el pasado. Durante el FEN ocurrido en 2017, las lluvias que generaron interrupciones en el transporte impactaron negativamente en indicadores clave como la ocupación de hoteles y la venta de paquetes turísticos, especialmente en las regiones del norte del país. Solo Piura registró una caída del 10% en el arribo de turistas a establecimientos de hospedaje en dicho año, según información del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).
Nuestras autoridades y responsables directos e indirectos del desempeño del sector —tanto a nivel del Ejecutivo como de los Gobiernos regionales y locales— deben tener claro que prevenir cuesta menos que reaccionar. La respuesta no debería limitarse a reparar los daños luego de que estos ocurran. La experiencia internacional muestra que la gestión de los riesgos climáticos en el turismo debe diferenciar tres momentos: la preparación antes de un evento, la respuesta durante y después de la emergencia, y la adaptación de largo plazo para reducir la vulnerabilidad futura.
La preparación comprende, entre otros aspectos, sistemas de alerta temprana, identificación de zonas vulnerables, protocolos de evacuación y planes de continuidad de las empresas. La respuesta busca proteger a las personas y restablecer rápidamente la operación, mientras que la adaptación implica realizar cambios más permanentes en la infraestructura, la gestión de los destinos y la oferta turística. Para nuestro país, esto debería traducirse en una estrategia específica de prevención para los principales destinos turísticos expuestos a lluvias, inundaciones, huaicos y otras interrupciones asociadas con el fenómeno climático.
No todos los destinos enfrentan los mismos riesgos y, por tanto, tampoco requieren las mismas soluciones. Se necesita identificar las rutas de acceso, los aeropuertos, los establecimientos turísticos y los atractivos más vulnerables, así como establecer protocolos claros sobre la operación de un destino en este contexto y cómo se comunica la información a los visitantes y operadores turísticos. El turismo tiene un potencial enorme aún por explotar. Los riesgos que el FEN plantea para el sector deben ser adoptados con criterio de urgencia.