Impacto del fenómeno de El Niño en el sector ganadero
De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), en 2026 el Perú contaría con casi 5.9 millones de cabezas de ganado vacuno. Ante los cambios climáticos asociados al fenómeno de El Niño (FEN) 2026-2027 ¿qué tan expuesta se encuentra la actividad ganadera y cuáles serían los efectos en la producción?
El sector pecuario creció un 3.4% en 2025 y representó el 36% del valor bruto de la producción agropecuaria, según el Midagri. La producción vacuna y de leche cruda concentró alrededor del 23% del valor de la producción pecuaria, valorizada en S/ 3,696 millones. Los avances productivos registrados se verían perjudicados ante las condiciones climáticas previstas por el FEN 2026-2027.
Según el estudio más reciente del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), Puno concentra la mayor cantidad de cabezas de ganado expuesta a riesgo muy alto[1] por déficit hídrico, con 585,448, seguido por Cusco (370,676) y Apurímac (248,886).
En cuanto a la población vacuna expuesta a un riesgo alto, Ayacucho registró 219,679 cabezas de ganado, seguido por Arequipa (192,887), Huánuco (178,266) y Junín (156,797). Estas cifras muestran la magnitud de la actividad ganadera en territorios vulnerables, especialmente en la sierra central y sur.

Una menor disponibilidad de agua se traduce en un menor crecimiento de los pastos, afecta la alimentación del ganado y, por ende, la producción pecuaria. La situación se agrava para los ganaderos que no cuentan con reservas de forraje con las que afrontar períodos de escasez. Según estimaciones realizadas a partir de la Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2025 del INEI, un 69% de los ganaderos encuestados no almacena forraje. Más aún, solo el 33% de los que comercializan realizan esta práctica, lo que los vuelve mucho más vulnerables ante los cambios que el FEN trae consigo.
Los antecedentes evidencian que estos riesgos no son novedosos. En 2023, condiciones climáticas adversas generaron que la producción nacional de avena y cebada forrajeras se redujera un 51.3% y un 49%, respectivamente, según el Midagri. Una disminución de esta magnitud limita la disponibilidad de alimentos para el ganado y podría obligar a los productores a recurrir a insumos alternativos de mayor costo, lo que afectaría especialmente a quienes dependen de la compra de forraje para mantener su producción.
En 2023, la producción de leche disminuyó respecto de 2022, principalmente por el incremento de precios de los insumos para la alimentación del ganado a inicios de ese año, pero también influenciado por la menor disponibilidad de alimento (forraje), debido a condiciones climáticas no favorables. Esto cobra relevancia ya que, en agosto de 2026, la Asociación Holstein del Perú advirtió que la producción de leche en el verano de 2027 podría disminuir hasta un 25%, debido a las condiciones climáticas asociadas al FEN.
La producción de leche fresca en el Perú ha mantenido una tendencia creciente. En 2025, se registraron más de 2.3 millones de toneladas. Cajamarca, Arequipa y Lima lideraron la producción en los últimos 10 años, con más de 300,000 toneladas anualmente. Les siguen La Libertad, Puno y Cusco. Se prevé que estos dos últimos departamentos sean las más afectados por el déficit hídrico que se intensificará en los próximos meses.
Las consecuencias también podrían trasladarse a los precios de la leche. El Midagri ha registrado un incremento constante en el precio promedio pagado al productor hasta julio de este año. Por su parte, el INEI registró incrementos en productos derivados de la leche fresca de vaca en Lima Metropolitana en 2023. Si bien estas variaciones no pueden atribuirse exclusivamente al FEN, reflejan cambios de precios en un periodo de dificultades productivas.
Ante la proximidad del FEN, el margen de acción para prevenir sus efectos sobre la ganadería es cada vez más limitado. Por ello, es necesario que el Midagri y los Gobiernos regionales concentren sus esfuerzos en medidas de respuesta inmediata para mitigar las posibles pérdidas productivas y evitar que sus consecuencias económicas afecten tanto a los ganaderos como a los consumidores.
[1] Los niveles de riesgo alto y muy alto por déficit hídrico se determinan a partir de la combinación de las condiciones de disponibilidad de agua, los pronósticos de precipitaciones y la vulnerabilidad de cada distrito.