Exportaciones tradicionales: oportunidad en vez de falta de desarrollo
En el marco de la campaña electoral, preocupan declaraciones que minimizan el desempeño de las exportaciones. Partidos como la Alianza Electoral Venceremos inclusive minimizan al sector minero, pese a la contribución que generan al desarrollo económico. Premisas como esas desconocen inclusive países desarrollados pueden concentran gran parte de sus exportaciones en sector extractivos. Y que, en realidad, el progreso depende de la gestión de los recursos que recibe el Estado.
Es importante destacar que el Perú mantiene una tendencia positiva en el desarrollo de productos con mayor valor agregado, lo que se refleja en el dinamismo de sus exportaciones no tradicionales. Al cierre de 2025, estos envíos alcanzaron los US$ 23,484 millones, impulsados por un crecimiento promedio anual del 7% desde 2006. Este mayor ritmo de expansión ha permitido que las exportaciones no tradicionales aumenten gradualmente su participación en la canasta exportadora, al pasar de representar el 22.2% en 2006 a cerca del 26% en 2025.

Cabe resaltar que, el desarrollo de las exportaciones no tradicionales resultó fuertemente favorecido por el auge de las agroexportaciones no tradicionales. Tan solo al cierre del año pasado, las agroexportaciones explicaron el 54% del total de las exportaciones no tradicionales. Dicha participación, durante ese último siglo, ha mostrado un crecimiento sostenido que se manifestó en desarrollos económicos y sociales.
Según investigaciones del Banco Central de Reserva del Perú, el dinamismo agroexportador impulsado por la Ley de Promoción Agraria ha sido un pilar en la reducción de la pobreza rural. Entre 2004 y 2017, la actividad agrícola aportó 18 p.p. a la reducción de la pobreza nacional. Este impacto se concentró en regiones clave como Ica, Lambayeque, La Libertad y Piura, donde la pobreza en el sector agrícola disminuyó entre 36 y 54 puntos porcentuales. Así, el sector no solo multiplicó su valor exportado por más de trece veces desde 2001, sino que se consolidó como el principal generador entre los sectores no tradicionales de bienestar económico en sus zonas de influencia.
Por otro lado, inclusive dentro del sector tradicional existe innovación. Una prueba de ello es el constante flujo de inversión en la minería, que sumó US$ 5,133 millones durante 2025, de acuerdo con estimaciones del Ministerio de Energía y Minas. Al respecto, según el Banco Mundial (2021) y el Banco Interamericano de Desarrollo (2021), Quellaveco —un proyecto cuprífero de gran envergadura en el sur del Perú— actualmente cuenta con plantas automatizadas y sistemas de control remoto.
La experiencia internacional demuestra que una elevada participación de sectores tradicionales no impide el desarrollo. Durante el periodo 2006-2023, Australia mantuvo una participación minera promedio del 74%; no obstante, ostenta un PBI per cápita de US$ 65,058, cifra 8.2 veces mayor a la del Perú (US$ 7,887). Un fenómeno similar ocurre en Chile, donde una participación tradicional promedio del 56% —muy cercana al 59% peruano— se traduce en un PBI per cápita de US$ 17,067, más del doble (2.2 veces) que el nuestro. Estos datos confirman que países con altos ingresos no solo sostienen sus sectores extractivos en el tiempo, sino que los utilizan como motores de prosperidad y bienestar económico.

En el Perú, la experiencia del sector agropecuario nos ha enseñado que el acceso a los mercados internacionales es el primer paso para el desarrollo. Sin embargo, todavía enfrentamos una gran desconexión interna. Muchas regiones poseen productos con un potencial enorme, como la quinua o los granos andinos, pero su exportación sigue siendo mínima debido a la falta de carreteras y centros logísticos en el interior del país.
Cerrar estas brechas de conectividad es urgente por dos razones: primero, permite que más peruanos se beneficien hoy de la demanda global por nuestros productos naturales; y segundo, sienta las bases para una futura transformación industrial. Sin una red de transporte sólida no solo será imposible dar el salto hacia productos con mayor valor agregado, sino que seguiremos dependiendo exclusivamente de los sectores que, como la minería, ya lograron articularse con el mercado global por su propia escala.
El progreso económico no se trata de elegir entre minería o industria, sino de gestionar con inteligencia los abundantes recursos del país. Como demuestran las potencias mineras y el éxito de nuestra propia agroexportación, el camino hacia el desarrollo exige estabilidad legal para atraer inversión y, sobre todo, una conectividad que integre a todas las regiones en la cadena exportadora. Solo cerrando estas brechas físicas y de gestión, el Perú podrá transformar sus recursos naturales en un bienestar social sostenido y una economía diversificada para las próximas décadas.