Desandar lo avanzado: una amenaza para el desarrollo del Perú
La propuesta del candidato Roberto Sánchez, en alianza con Antauro Humala, de renegociar tratados de libre comercio e incluso restringir el comercio exterior no solo resulta equivocada, sino profundamente preocupante. Más aún si se considera que Sánchez se desempeñó como ministro de Comercio Exterior y Turismo, posición desde la cual no solo tuvo una gestión deficiente, sino que además contribuyó al deterioro de estándares técnicos e institucionales que el sector había logrado consolidar durante décadas.
El Perú ha construido, a lo largo de más de 30 años, una política de apertura comercial que ha trascendido Gobiernos y orientaciones políticas. Esta no es una apuesta ideológica, sino una estrategia de desarrollo basada en evidencia. Gracias a ella, el país ha logrado integrarse a los principales mercados del mundo mediante una amplia red de acuerdos comerciales, lo que hoy permite que casi el 90% de nuestras exportaciones ingresen a destinos clave con preferencias arancelarias.
Los resultados son claros. Las exportaciones peruanas se han multiplicado, diversificándose más allá de los productos tradicionales. De los US$ 7,000 millones que exportábamos en 2000, cerramos 2025 con más de US$ 90,000 millones. Miles de micro y pequeñas empresas han encontrado en el comercio exterior una vía de crecimiento, formalización y acceso a nuevos mercados. Este dinamismo ha tenido un impacto directo en la generación de empleo y, sobre todo, en el desarrollo de regiones que históricamente estuvieron desconectadas de las oportunidades económicas.
Pero los beneficios no se limitan a lo que exportamos. La apertura también ha permitido importar bienes de capital e insumos intermedios a menores costos, lo que ha elevado la competitividad de nuestra industria local. Restringir estas importaciones es, en la práctica, encarecer la producción nacional, afectar la productividad y, en última instancia, perjudicar al consumidor.
El reto del próximo Gobierno es construir sobre lo avanzado y sacarle el máximo provecho a esta apertura comercial mediante una agresiva estrategia de mejora de la competitividad, que pasa por despliegue de infraestructura, conectividad y desarrollo de capital humano.
En un contexto internacional cada vez más complejo, donde economías como la de EE. UU. vienen adoptando políticas comerciales más restrictivas, el Perú debe actuar con inteligencia. Nuestra condición de socio confiable y aliado comercial debe ser aprovechada para atraer inversión, fortalecer cadenas de valor y consolidar nuestra inserción internacional. Retrocesos en decisiones clave —como los observados recientemente en materia de adquisiciones estratégicas— podrían incluso exponernos a represalias comerciales, incluidos mayores aranceles.
Finalmente, no se puede dejar de lamentar la reciente renuncia de ministros clave, como el canciller Hugo de Zela, en un momento en que el país requiere claridad, liderazgo y coherencia en su política exterior y comercial.
El Perú no puede darse el lujo de retroceder. Debemos defender y perfeccionar una política de apertura que ha demostrado ser una herramienta eficaz para el crecimiento, la competitividad y la reducción de brechas. Desandar ese camino sería, simplemente, un error histórico.