De la retórica a la acción: la agenda urgente para retomar el crecimiento del Perú
El inicio de los debates presidenciales marca un punto de inflexión en el proceso electoral. No debería ser un espacio para promesas generales o eslóganes, sino una oportunidad para contrastar propuestas concretas frente a los principales desafíos del país. Lo que está en juego no es solo quién gobierna, sino si el Perú retoma una senda de crecimiento sostenido, que permita reducir la pobreza de manera real y duradera.
En materia de seguridad, urge escuchar propuestas operativas y medibles. El país enfrenta una expansión preocupante del crimen organizado, que ya impacta la inversión, el comercio y la vida cotidiana. No basta con discursos de mano dura; se requiere articulación entre inteligencia policial, sistema de justicia y control territorial. La seguridad es hoy una condición habilitante del crecimiento.
En educación, el debate debe salir de lo declarativo. El Perú no solo enfrenta brechas de acceso, sino, sobre todo, de calidad. El capital humano es determinante para la productividad y el crecimiento. Sin mejoras sustantivas en aprendizaje, formación docente y gestión educativa, no habrá desarrollo sostenible.
En salud, la discusión debe centrarse en cobertura efectiva y calidad del servicio. No es aceptable que amplios sectores de la población sigan sin acceso oportuno a atención médica. Se necesita una reforma que priorice la gestión, la interoperabilidad de sistemas y la complementariedad público-privada, para evitar duplicidades y mejorar los resultados.
Las carencias en educación, salud y vivienda explican una dimensión más compleja de la pobreza que trasciende los ingresos.
En el frente económico, es indispensable exigir claridad sobre cómo se recuperará la inversión privada, motor del crecimiento. El Perú ha demostrado que la apertura comercial y la integración al mundo generan resultados positivos sostenidos. Sin embargo, hoy enfrentamos un entorno de incertidumbre regulatoria, trabas burocráticas y pérdida de competitividad. Los candidatos deben plantear medidas concretas para simplificar regulaciones, promover inversiones y fortalecer la seguridad jurídica.
Esto se vincula directamente con el empleo. Pretender mejorar las condiciones laborales sin abordar la baja productividad y la alta informalidad es un error. Decisiones desconectadas de la realidad empresarial pueden terminar afectando a quienes se busca proteger, especialmente a las micro y pequeñas empresas, que concentran gran parte del empleo. La prioridad debe ser facilitar la formalización y elevar la productividad, no encarecer artificialmente el empleo.
Finalmente, en reforma del Estado, el debate debe ser frontal. El principal obstáculo para nuestro desarrollo como país no es la falta de recursos, sino la baja capacidad de gestión pública. Se requiere un Estado más eficiente, con menos trabas y mejores instituciones. Iniciativas como la eliminación de barreras burocráticas, la transformación digital y el fortalecimiento de entidades técnicas independientes son fundamentales para generar confianza e inversión.
El Perú tiene el potencial para crecer a tasas elevadas, pero ello no ocurrirá por inercia. Requiere decisiones claras, consistentes y técnicamente sustentadas. Los debates deben servir para identificar quiénes entienden esto y quiénes siguen ofreciendo soluciones simples a problemas complejos. Porque, al final, lo que está en juego no es una elección más, sino la posibilidad de retomar el camino hacia el desarrollo.