Cuando el Estado y la empresa privada trabajan juntos, gana el Perú
El Perú no puede seguir atrapado en la falsa disyuntiva entre lo público y lo privado. Los desafíos que enfrentamos en infraestructura, salud, conectividad y prevención de desastres son demasiado grandes como para pretender que el Estado puede resolverlos solo. La experiencia demuestra que, cuando ambos sectores trabajan de manera coordinada, con objetivos claros, responsabilidades definidas y transparencia, se pueden alcanzar resultados concretos en beneficio de los ciudadanos.
Un ejemplo reciente es la iniciativa del sector privado de financiar una Oficina de Gestión de Proyectos (PMO, por sus siglas en inglés) para apoyar al Estado en la identificación, priorización y gestión de intervenciones orientadas a reducir los riesgos asociados al fenómeno de El Niño. Se trata de poner capacidades técnicas y de gestión al servicio de una necesidad pública urgente. No hablamos de sustituir al Estado, sino de fortalecerlo para que pueda actuar oportunamente y evitar que, una vez más, las emergencias nos encuentren desprevenidos.
En salud también encontramos experiencias que merecen ser reconocidas y replicadas. Los hospitales gestionados por IBT y los servicios logísticos especializados que brinda Salog a EsSalud muestran el potencial de incorporar conocimiento, tecnología y capacidades de gestión privada en la prestación de servicios públicos. A estas experiencias se sumaría la Torre Trecca, desarrollada por Auna, que representa una oportunidad para ampliar y mejorar la atención a los asegurados. Lo importante no es quién administra el servicio, sino que los ciudadanos reciban atención oportuna y de calidad.
Otro mecanismo que ha demostrado su potencial es obras por impuestos. Gracias a este esquema, empresas privadas financian y participan de la ejecución de inversiones públicas priorizadas por el Estado. Solo entre enero y setiembre de 2026 se adjudicaron proyectos por más de S/ 9,400 millones, un récord histórico que confirma el enorme espacio para seguir avanzando.
Un caso particularmente relevante es la propuesta de Lima Expresa para mejorar el acceso al Aeropuerto Internacional Jorge Chávez. La iniciativa contempla un viaducto elevado sobre la avenida Faucett que conectaría directamente la vía expresa Línea Amarilla con el aeropuerto, mediante una inversión estimada de hasta US$ 180 millones, bajo el mecanismo de obras por impuestos. De concretarse esta intervención, junto con la vía expresa Santa Rosa, permitiría mejorar sustancialmente la conectividad de nuestra principal puerta de entrada al país.
Resulta indispensable que las autoridades involucradas actúen con sentido de urgencia, articulen esfuerzos y faciliten la ejecución de estos proyectos. No podemos permitir que la burocracia y la falta de coordinación sigan postergando soluciones que benefician directamente a los ciudadanos y fortalecen nuestra competitividad.
La colaboración público-privada no debe ser una excepción ni depender de voluntades aisladas. Debe convertirse en una política de Estado. Necesitamos reglas claras, seguridad jurídica, instituciones sólidas y funcionarios dispuestos a trabajar con el sector privado, sin prejuicios ni desconfianzas.
El objetivo no es tener más Estado o más empresa privada. Es tener mejores servicios, más infraestructura y mayores oportunidades para todos los peruanos. Y para lograrlo debemos entender que el desarrollo no se construye desde la confrontación, sino desde la colaboración.