Récord exportador: una oportunidad que no podemos desaprovechar
En 2025 alcanzamos un récord en el valor de nuestras exportaciones. Se trata de una noticia positiva que confirma, una vez más, la relevancia del comercio exterior como motor de crecimiento, generación de empleo formal y atracción de inversiones. La apertura comercial, una de las políticas de Estado más sostenibles en las últimas décadas, vuelve a rendir frutos.
Sin embargo, corresponde hacer una lectura técnica y responsable de estas cifras. El récord alcanzado responde, en buena medida, a un contexto internacional de precios elevados, particularmente en el sector minero y en algunos productos agroindustriales. Es decir, el impulso proviene principalmente de un efecto precio, más que de un incremento significativo en los volúmenes exportados.
Esta distinción no es menor. Cuando el crecimiento exportador se explica por precios altos, el país se beneficia coyunturalmente de términos de intercambio favorables. Pero esa bonanza es, por definición, transitoria. Los mercados internacionales son volátiles y los ciclos de los commodities cambian. Apostar únicamente a un entorno externo favorable no constituye una estrategia de desarrollo sostenible.
Si queremos que el récord de 2025 sea el punto de partida y no un pico aislado, el próximo Gobierno deberá concentrarse en lo verdaderamente estructural: infraestructura, productividad y competitividad. Persisten brechas logísticas significativas en puertos, aeropuertos, carreteras y conectividad digital, que encarecen nuestros costos y restan eficiencia a nuestras exportaciones. La articulación del nuevo aeropuerto Jorge Chávez con el sistema portuario del Callao y Chancay, así como con una red vial moderna, no es un lujo; es una necesidad estratégica.
Asimismo, debemos avanzar en simplificación administrativa, estabilidad regulatoria y fortalecimiento institucional. La competitividad no solo se construye con cemento, sino también con reglas claras y predecibles. La experiencia comparada demuestra que los países que sostienen su crecimiento exportador son aquellos que invierten en capital humano, innovación y mejoras continuas de productividad.
En paralelo, es importante destacar el desempeño de las importaciones. Lejos de ser un indicador negativo, su crecimiento responde, en gran medida, a la adquisición de bienes intermedios y bienes de capital. Maquinaria, equipos, insumos y tecnología que alimentan nuestra industria, modernizan procesos productivos y elevan la capacidad instalada del país. En una economía abierta, exportaciones e importaciones son dos caras de la misma moneda.
El reto, entonces, es claro: debemos aprovechar el actual contexto favorable para sentar las bases de un crecimiento sostenido, menos dependiente de los ciclos de precios y más apalancado en productividad. Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario, pero un Estado que invierta bien, que cierre brechas y que entienda que la competitividad no se decreta, se construye.
El récord exportador es una buena noticia. Convertirlo en desarrollo permanente dependerá de las decisiones que tomemos hoy. El nuevo ministro de Comercio Exterior y Turismo debe tener bien claro esto y trabajar con el equipo técnico del ministerio. Necesitamos estabilidad.