La regulación actual es ajena a la realidad de las mypes
En 2025, las micro y pequeñas empresas (mypes) representaron el 99.5% de las empresas del país y generaron 8 millones de empleos a nivel nacional, casi la mitad del total, según estimaciones de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho). Sin embargo, la informalidad de estos negocios supera los niveles prepandemia, pese a que existen menos mypes que en aquel entonces.
Al cierre del año pasado, se registraron 5,950,196 mypes a nivel nacional (−118,035 respecto de 2019). La mayoría de las pérdidas habría ocurrido en el sector formal, donde se registraron 179,233 menos de estos negocios que antes de la pandemia. Por esto, la tasa de informalidad de las mypes, medida como la ausencia de registro ante la Sunat, ascendió del 83.8% al 86.5% entre ambos periodos.
Esta situación se explicaría por la falta de desarrollo de competencias dentro de las mypes. Desde ComexPerú elaboramos el Índice de Capacidad Formal de las Mypes (ICF), que determina qué tan preparadas están para formalizarse con base en cuatro cualidades internas: prácticas contables, condiciones del local, acceso a servicios básicos y características del empleo que generan. Lamentablemente, con un puntaje de 24.8 en 2025, el país permanece estancado más de una década en esta materia, con resultados menores a los registrados en 2015.

Estos resultados no sorprenden al considerar los principales motivos para crear estos negocios. De acuerdo con estimaciones de la Enaho, casi el 70% de los dueños de mypes empezaron por motivos económicos, la mayoría de ellos por necesidad y los demás por deseo de mejorar los ingresos familiares o propios. Apenas el 21.2% manifestó genuino interés en operar como independiente.
En la práctica, gran parte de las mypes son creadas por motivos de subsistencia y carecen de una estrategia de negocio integral que les permita crecer de manera sostenida. Esto último se evidencia en que apenas el 48.9% de ellas posee un local destinado al desarrollo del negocio e, inclusive en este grupo, la gran mayoría carece de al menos un servicio básico (agua, luz o desagüe). Por esto, en vez de abordarlas como un negocio típico formal, la regulación y estrategias de formalización deben tratar de comprenderlas para ayudarlas a crecer.
Ventas variables, pero obligaciones rígidas
De acuerdo con estimaciones de la Enaho, durante el año pasado, más del 90% de los trabajadores de las mypes no tuvieron un sueldo fijo. Esto debido a que sus ingresos dependen del nivel de ventas del negocio. Además, la mayoría de los trabajadores de las mypes laboran menos de 40 horas semanales, con un promedio de apenas 23.5 horas a la semana.
Sin embargo, la regulación laboral no reconoce adecuadamente esta realidad. Si bien la remuneración de un trabajador puede incorporar componentes variables, aquellos que laboran cuatro o más horas diarias, en promedio, deben percibir, como mínimo, la remuneración mínima vital. Solo cuando la jornada es inferior a este umbral existe la posibilidad de establecer una remuneración mínima proporcional al tiempo trabajado.
Por tanto, es necesario sustituir el criterio de cuatro horas diarias en promedio por un límite de 24 horas semanales, acompañado de una remuneración mínima por hora. Así, una mype podría distribuir la jornada según sus necesidades durante la semana sin reducir la protección de sus trabajadores. Esto también permitiría adecuar la cantidad de horas laboradas a la demanda del negocio, que suele presentar picos en determinadas temporadas, en vez de mantenerse estable durante todo el año.
La volatilidad de las ventas también influye en las obligaciones tributarias que enfrentan. En la práctica, el Nuevo Régimen Único Simplificado (Nuevo RUS) es una herramienta indispensable para incorporar a pequeños negocios a la formalidad, porque reduce considerablemente sus obligaciones tributarias y contables. Sin embargo, para permanecer en él se debe respetar un límite de ingresos o adquisiciones mensual, además del límite anual. Esto genera una dificultad para negocios con ventas altamente estacionales, que pueden superar el tope durante una campaña y registrar montos considerablemente menores durante el resto del año.
Ante esta situación, es necesario evaluar el cumplimiento del límite a partir del promedio mensual de ventas y mantener el tope anual existente. De esta manera, no se ampliaría el universo de beneficiarios del régimen, pero se evitaría que un incremento temporal de las ventas obligue a una mype a abandonar un esquema diseñado precisamente con el fin de facilitar sus primeros niveles de formalización para tener que, posteriormente, presentar una recategorización.
La formalización de las mypes no avanzará mientras la regulación continúe exigiéndoles comportarse como empresas con ingresos y relaciones laborales estables. Antes que imponerles mayores obligaciones, es necesario reconocer las condiciones en las que realmente operan y diseñar reglas que puedan cumplir. Adaptar la regulación laboral a jornadas parciales y considerar la volatilidad de las ventas en el Nuevo RUS permitiría reducir barreras sin eliminar derechos ni beneficios. Después de más de una década sin avances significativos en su capacidad para formalizarse, continuar aplicando las mismas reglas difícilmente permitirá obtener resultados distintos.