El costo económico de la incertidumbre electoral
Cuando la inversión, el empleo o el consumo de los hogares están por experimentar una caída, las empresas suelen adoptar una posición más cauta frente al futuro. La última encuesta del BCRP evidencia una mayor cautela con respecto al desempeño de la economía, la inversión y las decisiones empresariales futuras.
La incertidumbre política suele reflejarse primero en las expectativas antes que en los indicadores económicos. Según la más reciente Encuesta Mensual de Expectativas Macroeconómicas[1], del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) —publicada el pasado 8 de mayo—, varios indicadores empresariales registraron un deterioro importante tras la primera vuelta electoral.
Ello resulta relevante porque las expectativas suelen influir directamente en las decisiones económicas: cuando aumenta la incertidumbre, las empresas tienden a postergar inversiones, moderar contrataciones y reducir planes de expansión. Con el tiempo, ello puede trasladarse a menor generación de empleo, menores ingresos y una desaceleración de la actividad económica.
El indicador de expectativas sobre la economía a tres meses pasó de 52 puntos en marzo a 44.6 en abril e ingresó al tramo pesimista. Así, la incertidumbre política ya comienza a trasladarse a las perspectivas económicas de empresas e inversionistas. Uno de los principales resultados de la encuesta es la caída generalizada de los indicadores vinculados a actividad económica, demanda e inversión. Las expectativas sobre la economía a doce meses retrocedieron de 60 puntos en marzo a 51.2 en abril; mientras que las expectativas de inversión a doce meses pasaron de 65.1 a 60.5 puntos en el mismo periodo. Asimismo, las perspectivas de demanda a tres meses disminuyeron de 61.4 a 55.6 puntos y las de contratación de personal a doce meses retrocedieron de 60.7 a 57.8 puntos.

Detrás de este deterioro se encuentra un elemento central: la incertidumbre con respecto a la continuidad de las reglas económicas e institucionales. La inversión privada depende en gran medida de previsibilidad. Cuando surgen propuestas que plantean modificar aspectos vinculados a apertura económica, inversión privada, autonomía institucional o seguridad jurídica, las empresas tienden a postergar decisiones de inversión y contratación. Las expectativas económicas no reaccionan únicamente a resultados electorales, sino también a la percepción de estabilidad del marco institucional y económico.
Según la encuesta del BCRP, el deterioro de expectativas, además, no fue homogéneo entre sectores. En minería e hidrocarburos, por ejemplo, las expectativas sobre la economía a tres meses cayeron de 50 a 41.2 puntos; mientras que en manufactura retrocedieron de 52.9 a 47.3 puntos y en servicios, de 54.6 a 46.1 puntos. Asimismo, los indicadores vinculados a demanda, empleo e inversión mostraron retrocesos en la mayoría de los sectores productivos. Esto resulta especialmente relevante en actividades intensivas en inversión, como minería o manufactura, donde los proyectos requieren horizontes largos y estabilidad regulatoria para concretarse.
A nivel regional también se observan diferencias importantes. La zona norte continúa mostrando expectativas relativamente más favorables, mientras que la zona sur mantiene los indicadores más rezagados. De hecho, la expectativa sobre la economía a doce meses en la zona sur cayó a 48.8 puntos, e ingresó al tramo pesimista. En contraste, la zona norte mantiene indicadores más resilientes, impulsados por una mayor dinámica vinculada a la agroexportación, el comercio y la actividad privada.
Aunque la mayoría de los indicadores todavía permanece en terreno optimista —es decir, por encima de 50 puntos—, el deterioro mensual resulta significativo y refleja una mayor cautela empresarial frente al escenario político. A ello se suma una revisión al alza de las expectativas de tipo de cambio. El promedio esperado para los próximos doce meses pasó de S/ 3.39 a S/ 3.44 por dólar, mientras que las proyecciones para el cierre de 2026 se ubican entre S/ 3.43 y S/ 3.50. Si bien factores externos continúan influyendo sobre el comportamiento del dólar, el contexto electoral local también empieza a generar una mayor percepción de riesgo. Además, las expectativas sobre precios de insumos aumentaron de 64.5 a 66.7 puntos, lo que sugiere que parte del sector empresarial anticipa mayores costos y un entorno más volátil.
La experiencia peruana muestra que, incluso en contextos de elevada inestabilidad política, la economía logró mantenerse relativamente resiliente gracias a pilares como la autonomía del BCRP, la disciplina fiscal, la apertura comercial y el respeto de contratos. Sin embargo, dicha estabilidad no es automática ni permanente. Durante el gobierno de Pedro Castillo, por ejemplo, la elevada incertidumbre política y los constantes cambios ministeriales afectaron la confianza empresarial, deterioraron las expectativas económicas y contribuyeron a una fuerte desaceleración de la inversión privada.
Ello resulta particularmente relevante en una economía como la peruana, donde la inversión privada representa alrededor del 80% de la inversión total del país. Además, en un contexto en el que la inversión pública enfrenta persistentes problemas de ejecución y gestión, sobre todo los Gobiernos locales, el dinamismo del sector privado continúa siendo un motor clave para el crecimiento económico y la generación de empleo.
Las cifras de la última encuesta del BCRP no reflejan un escenario de crisis económica, pero sí muestran señales claras de cautela empresarial. Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han señalado reiteradamente que la estabilidad institucional y la predictibilidad regulatoria son factores fundamentales para sostener la inversión y el crecimiento de largo plazo. En un contexto electoral, preservar dichas condiciones será clave para evitar que la incertidumbre política termine trasladándose a menor inversión, empleo y crecimiento económico en los próximos meses.
[1] Esta encuesta recoge mensualmente las perspectivas de representantes de empresas, analistas económicos y entidades financieras respecto del desempeño futuro de la economía. En otras palabras, mide cómo perciben ejecutivos, gerentes e inversionistas el panorama económico de los próximos meses.