Diversificación de la matriz eléctrica, avances y desafíos pendientes
Entre enero y julio del 2026, la producción eléctrica en nuestro país alcanzó los 39,674 gigavatios-horas (GWh), un 4.8% más que en el mismo periodo de 2025, impulsada un 53% por centrales hidroeléctricas y un 34% por térmicas a gas natural, según el Ministerio de Energía y Minas (Minem). En contraste, las energías renovables no convencionales apenas alcanzaron el 10.2% de ese total. Esta distribución expone la fragilidad del sistema eléctrico, por lo que cualquier eventualidad en alguno de ellos impactaría directamente en todo el país.
Frente a esta vulnerabilidad, la energía solar se presenta como una alternativa clave para la diversificación. Su avance reciente refleja un dinamismo notable. Mientras que la producción eléctrica proveniente de esta fuente creció apenas un 2% en 2022 respecto de 2021, en 2025 registró un incremento del 70% con relación a 2024. Asimismo, entre enero y julio de este año, la generación eléctrica solar acumulada registró un aumento del 81% en comparación con el mismo período de 2025, según el Minem. Sin embargo, pese a este acelerado despegue, su participación en el total de la energía producida aún no supera el 5%, lo que subraya el enorme margen de crecimiento y la urgencia de seguir impulsando esta tecnología en el país.
En línea con la necesidad de diversificar la matriz energética nacional, el Gobierno impulsa el desarrollo de tecnologías solar y eólica. De acuerdo con el compendio de proyectos del Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin), a agosto de 2026 se registran seis centrales renovables en construcción, cinco solares y un parque eólico, que representan una inversión conjunta de US$ 996 millones y añadirán 1,247 MW (megavatios) de nueva capacidad instalada [1] hacia 2028.
No obstante, el panorama posterior a esta cartera en ejecución revela importantes desafíos. El Comité de Operación Económica del Sistema (COES) contabiliza cerca de 50 propuestas con intención de ingresar al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional[2] (SEIN) hasta 2028, pero la propia entidad advierte que la mayoría difícilmente se concretará en los plazos previstos debido al retraso en la obtención de permisos finales y la falta de cierre financiero.
Desempeño regional y rol de la minería
En Chile, de acuerdo con las cifras del Coordinador Eléctrico Nacional (CEN), la generación solar y eólica ya representa un 38% de la matriz eléctrica. Asimismo, el gremio Generadoras de Chile reporta que, solo en agosto de 2026, la tecnología solar aportó un 31% de la electricidad del país. Este notable avance demuestra la viabilidad de una transición energética rápida en el corto plazo.
Este dinamismo va más allá de las fronteras trasandinas. En junio de 2026, la generación eólica y solar llegó a aportar un 16.9% del total producido en América Latina y el Caribe, de acuerdo con la Organización Latinoamericana de Energía (Olacde), lo que evidencia el potencial de la región y la importancia de no quedar relegados en la carrera por la transición energética.
La experiencia chilena destaca también el rol estratégico que juega el sector minero en este proceso de transición. Empresas como Codelco han impulsado la adopción de energías renovables a través de contratos de suministro a largo plazo, con la ambiciosa meta de alcanzar una matriz 100% limpia hacia 2030. En el caso peruano, esta articulación cobra especial relevancia al considerar la cartera de proyectos mineros pendientes de destrabar. Según el Minem, a junio 2026, esta cartera contempla 66 iniciativas por un valor conjunto de US$ 64,075 millones, las cuales, ante su eventual puesta en marcha, dispararían una demanda eléctrica que, de acuerdo con COES, creció un 6.4% entre junio de 2024 y junio de 2026. Esto abre una ventana de oportunidad inmejorable para consolidar la inversión en generación eléctrica renovable a nivel nacional.
Avanzar en la diversificación de la matriz exige que la nueva generación renovable vaya acompañada de transmisión oportuna. Para ello, es clave que el Plan de Transmisión 2027-2036, cuya aprobación se prevé para diciembre de 2026, de acuerdo con Osinergmin, se apruebe y adjudique sin demoras. Asimismo, es necesario, un marco que habilite el almacenamiento en baterías, el cual permita trasladar la energía solar del día a las horas con más demanda de la noche.
Al respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) recomienda formalizar la participación de estos sistemas en el mercado y remunerar adecuadamente los servicios complementarios que brindan estabilidad a la red, como la regulación de frecuencia. En definitiva, diversificar la matriz no consiste solo en sumar megavatios renovables, sino en construir la infraestructura que permita convertirlos en energía disponible, confiable y competitiva cuando el país la necesita.
[1] Corresponde a la potencia máxima de generación eléctrica que una central puede producir bajo condiciones de operación óptima y se expresa en megavatios (MW).
[2] Red que integra las principales centrales de generación, líneas de transmisión y sistemas de distribución eléctrica del país.