Economía, Gobierno

Crecer para desarrollar

15/05/2026 | Por: Jaime Dupuy / Semanario 1303 / Editorial
Crecer para desarrollar

La primera vuelta electoral dejó más dudas que certezas. Las irregularidades reportadas exigen una investigación exhaustiva y el agotamiento de todas las vías institucionales para que la segunda vuelta transcurra con absoluta transparencia y legitimidad. La democracia peruana demanda reglas claras y confianza plena en su sistema electoral.

Pero el país no puede detenerse en el cuestionamiento. El Perú enfrenta una decisión estratégica: qué modelo económico y político adoptar para los próximos años. Esa discusión es impostergable.

Hoy, quienes creemos en las libertades económicas, la inversión privada, la apertura comercial y la estabilidad macroeconómica, debemos actuar con responsabilidad y unidad. No es una defensa ideológica abstracta. Estamos entre reconocer las políticas que redujeron la pobreza, generaron empleo y crearon oportunidades en las últimas décadas, y aquellas que nos condenarían al estancamiento.

El crecimiento no es un fin en sí mismo; es la base indispensable del desarrollo. Sin él, no hay recursos para cerrar brechas sociales, potenciar servicios públicos ni erradicar la pobreza. El Perú lo sabe bien: ya vivió las consecuencias de renunciar a crecer.

Durante años, nuestro país avanzó gracias a un modelo probado: apertura al mundo, disciplina fiscal, estabilidad monetaria y promoción de la inversión privada. Eso multiplicó exportaciones, atrajo capital foráneo, impulsó empleo formal y sacó a millones de peruanos de la pobreza. No fue suerte; fueron decisiones acertadas.

Preocupan, por ello, propuestas de Juntos por el Perú que van en dirección opuesta: revisar tratados de libre comercio, restringir el comercio exterior, menoscabar la autonomía del Banco Central, potenciar empresas públicas indiscriminadamente, imponer controles de precios o estatizar sectores “estratégicos”. Es una receta conocida... y fracasada.

Nuestro país la probó décadas atrás, con inflación galopante, fuga de inversiones, desempleo masivo y más pobreza. La región confirma el patrón: Venezuela ilustra el colapso extremo de economías cerradas; incluso Bolivia tropieza con el intervencionismo estatal y su insostenibilidad.

En contraste, las propuestas de Fuerza Popular preservan un entorno favorable para inversión, comercio y estabilidad. Ningún plan es perfecto, y el próximo Gobierno enfrentará retos institucionales y sociales mayúsculos. Pero el debate central es si el Perú generará riqueza o experimentará con fórmulas fallidas.

El reto real es transformar crecimiento en desarrollo inclusivo. No basta defender la economía de mercado: urge fortalecer instituciones, optimizar el gasto público, acelerar infraestructura, igualar acceso a salud y educación, y combatir la inseguridad e informalidad. Nada de esto prospera en una economía estancada o aislada.

Mientras el mundo compite por inversiones y empleo, el Perú no puede seguir debatiendo si desechar las herramientas que nos hicieron avanzar. La segunda vuelta no elegirá solo un gobierno: definirá si apostamos por crecer para desarrollar, o retrocedemos a modelos probadamente erróneos.

Esta elección marcará el futuro de millones. Es hora de unirnos por un Perú próspero. 

*Publicado en diario Gestión el 15 de mayo de 2026.

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