Gobierno, Institucionalidad, Salud

¡Basta de jugar con la salud de los trabajadores!

19/06/2026 | Por: Jaime Dupuy / Semanario 1308 / Editorial
¡Basta de jugar con la salud de los trabajadores!

La crisis de EsSalud no puede seguir siendo observada como un problema administrativo más dentro del Estado. Estamos hablando de la institución encargada del cuidado de la salud de más de 10 millones de peruanos, cuyos empleadores aportan obligatoriamente cada mes con la expectativa legítima de recibir atención oportuna y de calidad. 

Demoras crecientes, pérdida de capacidad operativa, sobrecostos para los asegurados y una preocupante degradación de los servicios es la realidad del seguro social de salud en nuestro país. Detrás de este deterioro existe un factor que explica buena parte del problema: la inestabilidad de su conducción. 

Resulta inaceptable que desde 2021 EsSalud haya tenido once presidentes ejecutivos, acompañados por una rotación similar en la Gerencia General. Ninguna institución puede aspirar a mejorar si sus máximas autoridades cambian constantemente al ritmo de las coyunturas políticas. La salud de millones de trabajadores no puede estar sometida a los vaivenes del poder ni a decisiones improvisadas que sacrifican la continuidad de las políticas públicas. 

Más grave aún es que esta inestabilidad no sea producto del mérito o de evaluaciones técnicas, sino de una excesiva injerencia política en los nombramientos. La propia Contraloría ha advertido sobre designaciones de funcionarios que no cumplían con los perfiles requeridos para ejercer los cargos. Cuando la experiencia y la capacidad dejan de ser los criterios fundamentales, quienes terminan pagando las consecuencias son los pacientes. 

Es, además, una cuestión moral. Es inmoral jugar con la salud de los trabajadores peruanos. Es inmoral utilizar una institución financiada con el esfuerzo de millones de familias como espacio de reparto político o laboratorio de experimentación burocrática. Mientras los directivos entran y salen, los asegurados esperan meses por una cita, recurren a clínicas privadas, gastan de su bolsillo en medicamentos y, muchas veces, renuncian a recibir atención médica. 

Por ello, el próximo Gobierno debe asumir la reforma de EsSalud como una prioridad impostergable. El primer paso debe ser garantizar una verdadera meritocracia en la designación de sus autoridades y fortalecer la gobernanza institucional, de modo que las decisiones estratégicas respondan a criterios técnicos y no políticos. Pero la reforma debe ir más allá. 

Es indispensable ampliar los convenios de intercambio prestacional con el sector público y privado para aumentar la cobertura efectiva de los asegurados; promover alianzas público-privadas; reforzar el primer nivel de atención para reducir la saturación hospitalaria; recuperar la telemedicina como herramienta de acceso masivo; impulsar las recetas e historias clínicas electrónicas para mejorar la continuidad asistencial; establecer mecanismos financieros transparentes, como fideicomisos para garantizar el pago a proveedores; y fortalecer la rendición de cuentas mediante indicadores públicos de desempeño. 

La estabilidad institucional no es un lujo. Es una condición indispensable para que EsSalud cumpla con la misión para la cual fue creado. Los trabajadores peruanos merecen una institución gestionada con profesionalismo, transparencia y visión de largo plazo. Lo contrario no solo es ineficiente, es profundamente injusto.

Compártelo en redes sociales: