Inflación sin alimentos y energía no cede
Pese a registrarse una menor inflación mensual en mayo último, la acumulada a doce meses aún se encuentra fuera del rango meta: 3.91%. La inflación sin considerar alimentos ni energía fue del 4.44%.
El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) define la inflación como el aumento constante del nivel general de los precios en una economía, lo cual implica la reducción de capacidad de compra del dinero. Asimismo, define a la inflación subyacente como la inflación que no es afectada por variaciones puntuales o de corto plazo. Para ello, se excluyen productos y servicios cuyos precios habitualmente fluctúan más por factores climáticos, estacionales o externos. Generalmente, ambas se miden a través de la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) y del IPC Sin Alimentos y Energía, respectivamente, reportados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
Estos indicadores no son datos aislados ni conceptos abstractos porque tienen un impacto directo y general en el presupuesto o preferencia de consumo familiar, los costos de vida y la viabilidad de los negocios en todo el país. Por ello, si bien la inflación total tuvo una caída mensual, debido, principalmente, a la reducción de precios en productos como el pollo eviscerado (-9.4%), la arveja verde (-39.5%) y la vainita americana (-8.6%), según el INEI, no significa que la economía se haya aliviado en su totalidad. Cada grupo de productos dentro de la canasta familiar tiene un peso y el de los bienes mencionados es significativo. Por lo tanto, cuando experimentan un retroceso debido a factores estacionales o de oferta temporal, arrastran el indicador.
Ahora, al analizar el IPC Sin Alimentos y Energía se observa que las variaciones no desisten a la baja, por lo que los costos arraigados en el tejido productivo (como los alquileres, la educación, los servicios médicos o los bienes manufacturados) continúan encareciéndose y presionando los bolsillos de la población. Por ejemplo, cuando suben tarifas reguladas como la energía o el transporte, las empresas no absorben ese sobrecosto indefinidamente, sino que lo trasladan gradualmente a sus precios finales. Esto explica por qué el incremento de mayo en la electricidad residencial (+4.2%) y el gas propano (+0.3%), que en principio afectan al IPC, terminan contaminando de forma indirecta al IPC Sin Alimentos y Energía, ya que encarece los costos de operación de comercios y servicios cuyos precios difícilmente vuelven a bajar.
Desde ahí se inicia un efecto en cadena en el que los restaurantes que pagan más electricidad suben el precio del menú; el distribuidor con mayor costo de combustible eleva el precio en el anaquel y la bodega traslada ese costo al consumidor final. Según la primera Encuesta Nacional de Logística del Perú (ENL), los costos logísticos de las microempresas representan en promedio un 21.1% del valor de sus ventas, frente al 16% del promedio nacional. Eso significa que por cada S/ 100 que vende un pequeño negocio, más de S/ 21 se destinan solo a la logística. Cuando el precio del transporte sube, ese porcentaje crece y el margen se reduce.
En 2021, de acuerdo con el BCRP, los choques de oferta pospandemia empezaron a filtrarse a la inflación sin alimentos y energía. Además, las expectativas de inflación a doce meses cruzaron el límite del rango meta en julio de ese año (3.03%). Si bien la autoridad monetaria implementó medidas de respuesta, la inercia inflacionaria ya se encontraba en marcha. En ese contexto, las expectativas de inflación alcanzaron una tasa de 5.35% en junio de 2022, mientras que la tasa de inflación a 12 meses se ubicó en 8.46% al cierre de diciembre de ese mismo año. Ante la persistencia de las presiones inflacionarias, el BCRP continuó elevando la tasa de referencia[1] hasta un 7.75%, nivel que sostuvo por ocho meses. Esta decisión, sumada a los severos choques de factores externos, terminó por configurar la caída del 0.6% del PBI en 2023, de acuerdo con el BCRP.

Las expectativas de inflación a doce meses pasaron del 2.03% en enero al 2.89% en mayo, cuatro meses consecutivos al alza. Aunque el indicador todavía se mantiene dentro del rango meta, este repunte ha encendido las alarmas del BCRP y lo ha obligado a realizar un seguimiento minucioso antes de mover sus tasas de interés.
Al final, la verdadera salud del bolsillo peruano no se define por una reducción en el precio del pollo, sino por la capacidad de controlar esa inflación de fondo que, silenciosamente, sigue encareciendo el costo de vida.
[1] La tasa de referencia es el principal instrumento de política monetaria del BCRP para controlar la inflación. Es la tasa de interés que el BCRP fija para los préstamos entre bancos a un día y sirve como referencia para las demás tasas de la economía.