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TURISMO EN RIESGO, RESPONSABILIDAD DE TODOS

Por ComexPerú / Publicado en Febrero 14, 2020 / Semanario 1019 - Actualidad

El turismo es uno de los sectores más emblemáticos de la economía peruana, debido a su reputación a nivel internacional y al peso que tiene en el desempeño económico de muchos departamentos en el país. El carácter local de sus actividades y la focalización de inversiones públicas hacen del turismo un sector económico catalizador del desarrollo social que trasciende a las cifras tradicionalmente presentadas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) bajo el rubro de Alojamiento y Restaurantes.

En términos macroeconómicos, el sector turismo ha mostrado un sólido dinamismo en los últimos años producto de labores conjuntas en posicionamiento de la marca país en el mundo, inversión en conectividad y transportes, y puesta en valor de atractivos turísticos. Así, en 2018, la producción y los ingresos generados por actividades relacionadas con el sector representaron un 3.8% del PBI nacional y un crecimiento promedio anual del 5.2% durante los últimos 20 años, según cifras del INEI. Por otro lado, las actividades vinculadas al sector generaron empleo formal equivalente a un 7.7% de la población económicamente activa (PEA), según cifras del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo.

Los buenos resultados del sector turismo no vienen por sí solos, y es necesario tener en cuenta las condiciones y barreras que afectan su sostenibilidad. La puesta en valor de atractivos turísticos no depende únicamente de la conservación del patrimonio, sino también de la calidad de los servicios públicos, la seguridad y la conectividad de las localidades y ciudades aledañas. Estos factores contribuyen a mejorar la experiencia del turista y son pieza clave para que se generen verdaderos encadenamientos económicos y sociales a nivel local. Por esta razón, si no existen esfuerzos coordinados entre los distintos niveles de gobierno y el sector privado, poco o nada servirán las iniciativas para promover y descentralizar el turismo en el país.

UN PASO ADELANTE, DOS ATRÁS

Un caso relevante que ejemplifica esta situación se observa en Amazonas. Durante el primer trimestre de 2017, este departamento tuvo un incremento significativo en la llegada de turistas a raíz de la inauguración del nuevo sistema turístico de telecabinas que conecta al distrito de Nuevo Tingo, ubicado a 50 kilómetros de la capital, con la entrada al complejo arqueológico de Kuélap. El objetivo de esta iniciativa, enmarcada dentro del Plan Estratégico Sectorial Multianual 2016-2021 del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), fue crear polos turísticos descentralizados mediante las actividades de promoción y la creación de vuelos interdepartamentales (ver Semanario 883).

De esta manera, según cifras del Ministerio de Cultura, la llegada de turistas nacionales y extranjeros durante el primer año de operaciones del teleférico se incrementó un 87% frente al año anterior, con variaciones interanuales de entre el 52% y el 167% en los primeros trimestres de operación. Asimismo, de acuerdo con el Comité de Promoción de la Inversión Privada del Mincetur, se realizaron 132,677 viajes en el sistema de telecabinas.

Sin embargo, estas prometedoras cifras se vieron prontamente reducidas en periodos subsiguientes. A partir del segundo trimestre de 2018, las variaciones porcentuales del número de visitantes al complejo arqueológico pasaron en su mayoría al terreno negativo, así como las cifras del uso de las telecabinas.

 

En gran parte, la sostenibilidad del atractivo turístico recae en la competitividad y desarrollo de localidades conexas. Así, el departamento de Amazonas impone un contexto con evidentes barreras para el desarrollo turístico que limitan y hacen peligrar el cumplimiento de los objetivos del Mincetur. Por ejemplo, en Amazonas, solo el 51.9% de los hogares cuenta con acceso a electricidad, un 42.1% de la red vial departamental y vecinal se encuentra pavimentada o afirmada, existen 9.1 médicos por cada 10,000 habitantes (una de las menores coberturas a nivel nacional), el 85.4% de la PEA es informal, y se registran 12.5 denuncias por delitos por cada 1,000 habitantes.

Esta realidad muestra un escenario poco atractivo para el turista, que se traduce en un grave riesgo para toda política pública de fomento del sector turismo. Además, genera un entorno que inhabilita la efectiva promoción de inversiones turísticas y la propagación de sus beneficios a nivel local. Por esto, la existencia de un plan de gestión territorial e integración de inversiones públicas y privadas es vital para complementar y potenciar iniciativas enfocadas en promover el turismo en el país (ver Semanario 988).

LA SOLUCIÓN ESTÁ EN NUESTRAS MANOS

La situación descrita también ejemplifica la agenda pendiente en el destino turístico más importante del país, Machu Picchu (ver semanarios 980 y 984). Como venimos reiterando, para revertir esta situación es necesaria la ejecución firme de planes de gestión territorial que traigan a la mesa al sector público, el privado y la sociedad civil, con el objetivo de promover el desarrollo social. Así, la Visión Estratégica para la Nueva Gestión de Machu Picchu, documento elaborado por el Ministerio de Cultura, es una poderosa herramienta para elevar la competitividad del Cusco como destino turístico, aportar al desarrollo económico de distritos conexos al santuario histórico y dar un paso firme en el trabajo conjunto entre los distintos niveles de gobierno, el sector privado y la sociedad civil. Sin embargo, poco se ha hecho por implementar el modelo de gestión y sus intervenciones (ver semanarios 989 y 1008).

Entre las medidas comprendidas en este plan, resalta un ordenamiento de las visitas, la construcción de un centro de visitantes para ordenar la llegada de los turistas y ofrecer una mejor experiencia, la integración del territorio de visitas con Choquequirao, y un plan coordinado de inversiones en conectividad con distritos colindantes. Además, como complemento, es hora de que el Mincetur vele por regulaciones modernas en torno al uso de herramientas digitales de intermediación de viviendas. De no ser así, existe el riesgo de restringir aún más la oferta y limitar experiencias novedosas en perjuicio de la experiencia de los turistas y el desarrollo económico de las localidades.

La inversión en servicios, desarrollo local y gestión territorial son mecanismos para potenciar los beneficios que el turismo trae a las economías locales, y que redundarán en mejorar el bienestar de la población y elevar la competitividad del país. Es momento de dar pasos firmes y priorizar la agenda pendiente en el sector turismo.

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