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NI ESTUDIAN NI TRABAJAN: UN VISTAZO A LOS NINIS EN EL CALLAO

Por ComexPerú / Publicado en Octubre 18, 2019 / Semanario 1004 - Economía

“Nini” es la abreviatura de “ni estudia ni trabaja”, y usualmente es empleada para referirse a la población joven que no realiza ninguna de estas actividades. Según cifras de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), en 2018, un 16.9% de los jóvenes peruanos entre los 15 y 24 años cumplía con estas características, lo que nos ubica en una mejor situación que el promedio de la región, donde esta cifra fue estimada en un 21% por un estudio que elaboró el Banco Interamericano de Desarrollo el año pasado en distintos países de Latinoamérica y el Caribe. No obstante, en los últimos diez años, la proporción de ninis en el país no ha disminuido y, según recientes cifras de la Enaho, ha aumentado a un 18% en el segundo trimestre de 2019. Tal como se mencionó en el semanario anterior, según la Encuesta Permanente de Empleo, la cantidad de jóvenes entre 14 y 24 años adecuadamente empleados en la capital disminuyó en 26,400 personas (-6.2%) en 2018 y, en lo que va del presente año, se han perdido 22,900 empleos más. Estos resultados reflejarían el poco avance que se está logrando en materia de educación y de correcta empleabilidad de los jóvenes.


Dicha situación es preocupante, ya que, como señala una investigación elaborada por el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), los ninis constituyen una población vulnerable y son susceptibles de quedar socialmente excluidos debido a las dificultades que enfrentan para insertarse en el mercado laboral o conseguir un empleo adecuado. Entre los factores de vulnerabilidad resaltan la situación precaria de las familias de origen, la deserción escolar obligada o incentivada, y la inestabilidad y precariedad laboral. Si bien las razones por las cuales un joven se convierte en nini son diversas, no cabe duda de que estas personas tienen un factor de riesgo mayor de caer en la delincuencia como forma de sustento económico. Según Julio Magán, gerente de Centros Juveniles de Rehabilitación del Poder Judicial, en 2018, el principal motivo de ingreso de adolescentes a centros juveniles fueron crímenes contra el patrimonio: robo agravado (45%) y hurto (9.7%).


La región con mayor proporción de ninis en el Perú es el Callao, con un 27.7% de jóvenes entre los 15 y 24 que ni estudian ni trabajan, es decir, ¡9.7 puntos porcentuales (pp) más que el promedio nacional! También es sorprendente que, a pesar de su cercanía geográfica, el Callao posea una proporción de ninis 8.4 pp mayor a la de Lima (19.3%). A pesar de que, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la tasa de víctimas de delitos en el Callao ha disminuido considerablemente en los últimos cinco años (del 38.9% en 2013 al 27.3% en 2018), lamentablemente continúa siendo uno de los lugares más peligrosos del país, lo cual, en combinación con la alta tasa de jóvenes vulnerables en materia de empleo, resulta un escenario preocupante.

Según un estudio del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (MINJUSDH) y la Sociedad Nacional de la Juventud (Senaju), la carrera delincuencial inicia alrededor de los 8 y 10 años, con robos menores. Alrededor de los 20 años, alguien que haya iniciado una carrera delincuencial podría haberse especializado en un tipo de robo y estaría en condiciones de vincularse con grupos de asaltantes de los cuales podría llegar a ser parte. Por lo tanto, resulta crucial intervenir en la actividad delincuencial desde la edad temprana y brindar a los jóvenes oportunidades de empleo adecuado como forma de sustento económico y vías de escape del ecosistema criminal.

De acuerdo con el MINJUSDH y la Senaju, ya se ha demostrado que las medidas de “mano dura” han fracasado no solo en el Perú, sino también en muchos otros países, incluso más allá de Latinoamérica. Un ejemplo de ello es el Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación de Lima (conocido como “Maranguita”), que ha recibido el apodo de “La Escuelita”, mientras que el penal de Lurigancho es conocido como “La Universidad” entre los delincuentes, debido a que el ingreso en estas instituciones tiende más a reafirmar la posición de los jóvenes dentro del mundo criminal que a alejarlos de él.

Tanto el nivel de empleo como el capital humano, la seguridad y, en general, la competitividad del país se ven mermados por nuestro mal manejo de la población nini. El mejoramiento de nuestras políticas para esta población vulnerable es imprescindible, sobre todo en el Callao y otros departamentos con alta presencia de ninis como Loreto (24.6%), Áncash (21.8%) y Tacna (20.2%). Como se ha mencionado al inicio del presente artículo, los motivos de los jóvenes para no estudiar ni trabajar son diversos y de naturaleza multidimensional. Por lo tanto, se requieren planes integrales para guiarlos y reintroducirlos al mercado laboral o al ámbito formativo, así como para prevenir su deserción. ¡Apoyemos al futuro del país!

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