El sector de energía eléctrica en la mira
En un sistema aún dependiente de combustibles fósiles, la volatilidad de precios asociada a conflictos geopolíticos o las interrupciones en suministros obligan a evaluar la capacidad de economías como la peruana para sostener su actividad y fortalecer su resiliencia energética.
El petróleo y el gas son insumos transversales para la actividad económica: intervienen en el transporte, la generación eléctrica, los procesos industriales y la logística. Por ello, variaciones en sus precios internacionales generan efectos sobre la estructura de costos de todo tipo de industria. En sistemas eléctricos con una participación relevante de generación térmica a gas o diésel, un incremento en el precio de estos combustibles se traduce en mayores costos de transporte y producción, lo que afecta la productividad y presiona los precios internos.
De acuerdo con el último Energy Institute Statistical Review of World Energy 2025, los combustibles fósiles continuaron representando el 86% de la oferta energética global en 2024. Si bien las fuentes renovables han ganado espacio en los últimos años, su participación dentro del total aún es limitada. En comparación, Sudamérica y Centroamérica muestran una mayor participación relativa de hidroelectricidad y otras energías renovables respecto del promedio mundial; sin embargo, el petróleo concentra cerca de la mitad de su matriz energética.

En ese contexto, los conflictos geopolíticos introducen un factor de riesgo sobre un sistema energético que continúa dependiendo mayoritariamente de combustibles fósiles. Frente a ello, la seguridad energética adquiere un rol estratégico. Fortalecerla requiere diversificar las fuentes de generación eléctrica y reducir la dependencia de combustibles importados, lo que demanda inversiones en infraestructura y mayor resiliencia de los sistemas eléctricos, según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés).
¿Cómo está avanzando Perú en el sector de energía eléctrica?
La producción nacional de electricidad alcanzó 65,109 GWh (gigavatio-hora) en 2025, un 2.1% más que en 2024, según cifras del Ministerio de Energía y Minas (Minem). La energía hidráulica registró un crecimiento moderado (+6% en el mercado y +1% en uso propio). Por su parte, las energías renovables no convencionales —eólica y solar— crecieron un 2% y un 70%[1] en 2025, respectivamente. La generación térmica a gas natural mantuvo una participación relevante (35.1% del total). A nivel territorial, la generación permanece concentrada en la zona centro del país, que explica el 75.6% del total nacional, lo que refuerza la importancia de una buena infraestructura de transmisión para garantizar la estabilidad y confiabilidad del sistema.
Al cierre de 2025, el Minem reporta 27 proyectos de transmisión en seguimiento, entre líneas y subestaciones, con una inversión ofertada de US$ 2,109 millones. Entre los proyectos en construcción destacan tres líneas con avances superiores al 89%, que tenían una puesta en operación comercial originalmente prevista entre enero de 2024 y mayo de 2025; sin embargo, continúan en ejecución. Por otro lado, 21 iniciativas se encuentran en etapa de estudios.
La reciente declaratoria de emergencia en el suministro de gas natural evidenció la sensibilidad del sistema ante interrupciones operativas. Las restricciones temporales[2] obligan a priorizar el abastecimiento para el consumo residencial y servicios esenciales, lo que reduce la disponibilidad para industrias y estaciones de GNV. En el ámbito productivo, ello se traduciría en ajustes operativos y mayores costos para plantas que utilizan gas para generación eléctrica (58% del consumo total[3]) o como insumo en el sector industrial (25%). En el transporte, la menor disponibilidad de GNV (13%) genera presiones sobre costos logísticos y tarifas en taxis, flotas y vehículos de carga.
Asimismo, el sector se encuentra a la espera de la reorganización patrimonial de Petroperú, en el marco del Plan de Promoción para la Estabilización y Fortalecimiento de la empresa gestionado por el Ministerio de Economía y Finanzas. En ese proceso, podría ponerse énfasis en reforzar los mecanismos que mejoren la eficiencia comercial, la competencia y la articulación con el sector privado, una línea de análisis previamente planteada por el Indecopi.
La resiliencia energética no depende solo de qué fuentes usamos, sino de la capacidad del sistema para transportarlas y sostener la oferta ante shocks externos o interrupciones por fallas. En un entorno de mayor volatilidad, su fortalecimiento será importante para el desempeño del sector en el largo plazo.
[1] Explicado en parte por la entrada en operación de dos centrales solares en 2025 que incorporan 456.4 MW de capacidad al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional (SEIN), con una inversión conjunta de US$ 306 millones.
[2] Con duración de catorce días según la Resolución Viceministerial N.° 004-2026-MINEM-VMH.
[3] Considera el consumo nacional de gas natural por segmentos, de acuerdo con cifras del Instituto Peruano de Economía (IPE).