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NUEVO AÑO, NUEVAS EXPECTATIVAS, NUEVOS RIESGOS

Por ComexPerú / Publicado en Enero 10, 2020 / Semanario 1014 - Actualidad

Con cada año nuevo, surgen nuevas y mayores expectativas a nivel colectivo e individual, así como nuevas oportunidades de replantear metas y medidas para alcanzarlas. Sin embargo, el nuevo año también viene enmarcado en un contexto de retos y riesgos a nivel internacional que condicionan las perspectivas de los países en cuanto al crecimiento económico y desarrollo social. Estos riesgos vienen en distintas formas, ya sea en el ámbito político, económico, social o ambiental, y si bien muchos de ellos son externos, deben estar incluidos en nuestro análisis para estar preparados. Por esta razón, el grupo Eurasia publicó recientemente el informe Top Risks 2020, en el cual se destacan 10 principales riesgos que la economía mundial enfrentará durante este año.

“2020 es un punto de inflexión”. Con esta frase comienza el informe y resume los niveles crecientes de riesgo geopolítico vividos durante casi una década, que no llegaron a desencadenar una verdadera crisis internacional, situación que ahora parece estar cambiando. En primer lugar, la “prosperidad” mundial constante que se vivió por décadas está estancada. Con China y EE.UU. desacoplados en medio de tensiones comerciales, una parte crítica de la economía del siglo XXI se está fragmentando en dos. Además, existe el riesgo de una recesión cada vez más profunda en distintas regiones, con una erosión de las alianzas lideradas por EE.UU. Por último, el reporte resalta el rol del cambio climático en el crecimiento económico, el cual, a diferencia de las tendencias económicas y geopolíticas cíclicas que tarde o temprano se volverán más favorables, se incrementará en el futuro.

En este entorno deteriorado, es mucho más probable que se produzca una crisis global. Los recursos disponibles para los Gobiernos y el sector privado hacen que responder sea más fácil que en el pasado. Sin embargo, la escala de los desafíos es mayor y la recesión geopolítica socava la cooperación global. En medio de esto, los países tradicionalmente “expectantes” o tomadores de precios son los más expuestos a estas tensiones, y cada vez es mayor la presión por plantear medidas reactivas más agresivas en sus economías.

AMÉRICA LATINA: EN EL OJO DE LA TORMENTA

En este contexto, América Latina ocupa un espacio importante en el panorama internacional, ya que en esta región se destacan las tensiones sociales y políticas que muchos de los países han enfrentado. Así, el descontento social en la región es uno de los 10 principales riesgos expuestos en el informe y que, evidentemente, ha afectado el crecimiento económico en 2019, con secuelas que continuarán percibiéndose durante 2020 si no se adoptan las reformas necesarias.

El descontento público mantendrá el alto riesgo de inestabilidad política en la región, al existir una alta presión social por atender problemáticas comunes en los países, como la desaceleración del crecimiento económico, la corrupción en el sector público y privado, y la heterogénea calidad de los servicios públicos. Estos factores polarizan a gran parte de la población latinoamericana. De acuerdo con el análisis elaborado por el grupo Eurasia, este descontento y presión social por la intervención estatal reducirá la capacidad de los Gobiernos para tomar las medidas de austeridad necesarias.

Además, los riesgos que se observaron durante 2019 en toda América Latina se verían acentuados: protestas, desequilibrios fiscales, resultados electorales impredecibles, populismo y antiestablishment fortalecidos. Los ejemplos de descontento social enfocados en un cambio político y de mercado no faltan; en Argentina, Ecuador, Colombia, Chile, México y Brasil se ha observado, desde los últimos años, una tendencia hacia propuestas de reformas económicas y políticas.

Enmarcado por esta realidad, el Perú se encuentra en una posición tensa que encendió las alarmas políticas, económicas y sociales durante 2019. El caso de Chile, el cual estalló en ocubre pasado, provocó una profunda reflexión debido a la similitud en la realidad y demandas sociales que ambos países enfrentamos, a pesar de que el vecino del sur esté clasificado como “desarrollado” por su nivel de ingreso per cápita. Como mencionamos en su momento, una alta desigualdad en los ingresos, el acceso limitado a servicios públicos y con calidad heterogénea, los altos costos educativos y de salud de calidad, las brechas económicas que limitan las oportunidades de gran parte de la población, y un Gobierno con temas pendientes en conectividad que aún no muestra señales claras sobre cómo enfrentar esta realidad es un escenario ajeno al peruano (ver Semanario 1005).

La economía peruana se encuentra bajo presión, no solo por factores internos como los descritos, sino también debido a las tensiones mundiales y particularmente en la región. La alta participación del comercio internacional y la cooperación económica en nuestra economía a raíz de la globalización nos mueve a buscar nuevos mercados, fortalecer nuestras industrias e incrementar la competitividad; sin embargo, las acciones que acompañen estas medidas de política deben tener al ciudadano siempre por delante. El desarrollo humano, junto con el crecimiento económico, son los ingredientes para la mejor defensa contra los riesgos del nuevo año.

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