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EL PROGRAMA DEL VASO DE LECHE COMO EJEMPLO DE INEFICIENCIA DEL GASTO PÚBLICO

Por ComexPerú / Publicado en Agosto 17, 2018 / Semanario 950 - Actualidad

En nuestro Semanario N.º 861, presentamos algunas cifras que hacían evidente la necesidad de una reforma urgente del Programa del Vaso de Leche (PVL), debido a que su asignación dejaba mucho espacio para que lo recibieran personas que no cumplían las condiciones necesarias, es decir, se presentaban muchas filtraciones. A propósito, en el presente artículo discutiremos cómo hemos avanzado (o retrocedido) en esta materia.

De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), el PVL proporciona diariamente una ración alimentaria (leche u otro producto) a una población beneficiaria en situación de pobreza o pobreza extrema. Su prioridad deberían ser los niños entre 0 y 6 años, y las madres gestantes o en periodo de lactancia; mientras que en segundo lugar debería atender a niños entre 7 y 13 años, adultos mayores y personas afectadas por tuberculosis. Evidentemente, todo esto solo para personas pobres o pobres extremas en términos monetarios.

A pesar de las buenas intenciones, aún queda mucho por hacer para mejorar el PVL, especialmente en términos de focalización. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) de 2017, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), 991,767 hogares se beneficiaron con el PVL en ese año; sin embargo, de este total, por más inaudito que parezca, ¡un 58.3% de hogares no son pobres! Además, tan solo un 9.2% es pobre extremo y un 32.5% es pobre. En otras palabras, casi 6 de cada 10 hogares que se benefician con dicho programa no deberían recibirlo, porque ni siquiera cumplen el requisito principal. Esto se traduce en 578,493 hogares no pobres que se benefician del PVL.

Si a lo anterior le añadimos la segunda condición necesaria (hogares con madres gestantes o en periodo de lactancia, niños entre 0 y 13 años y adultos mayores[1]), se añadirían 3,241 hogares más al número de filtraciones. Así, estamos hablando de un total de 581,734 hogares filtrados o un 58.6% de viviendas que no deberían recibir el PVL. Cabe resaltar, además, que el panorama no luce nada bien, pues este porcentaje ascendió al 59.8% en 2015, es decir, la reducción en las filtraciones ha sido insignificante.




En cuanto al nivel de filtraciones por departamento, Lima, que tiene el mayor porcentaje de hogares beneficiarios (26.8%), presenta una tasa de filtración del 75.5%, mientras que, como muestra la tabla anterior, los departamentos con mayor filtración fueron Madre de Dios (97.9%), Ica (96.2%) y Moquegua (8.6%). Por su parte, al igual que en 2015, Cajamarca posee la menor tasa de filtración (31.7%); además, es el cuarto departamento en términos de beneficiarios, pese a sus altos niveles de pobreza.

SUBVENCIONANDO A QUIENES MÁS POSEEN

Un 88% de los jefes del hogar de las familias infiltradas está empleado o es empleador (posee un negocio propio). Por si fuera poco, en promedio, el ingreso mensual que recibe el jefe del hogar de una familia infiltrada asciende a S/ 2,506, cifra mayor a la evidenciada en 2015 (S/ 2,412) y también a la línea de pobreza (S/ 338). Lo más sorprendente es que existen 3,295 familias (0.57% del total) cuyo jefe percibe un ingreso mensual superior a S/ 10,000. En otras palabras, ¡hogares de nivel socioeconómico alto gozan de un programa destinado a los pobres extremos! Asimismo, el 82.2% de los infiltrados percibe ingresos superiores a S/ 1,000, y un 49.7%, a más de S/ 2,000.

La situación se vuelve aún más preocupante si consideramos las condiciones de vida de estas familias, ya que el 71.4% vive en casas propias[2], de las cuales un 37.8% están construidas con material noble y cuentan con agua potable, desagüe[3] (69.9% y 59.3%, respectivamente) y alumbrado eléctrico (94.3%). Más aún, por más inverosímil que resulte, un 30.1% de los hogares infiltrados cuenta con el servicio de televisión por cable, mientras que un 10% tiene un teléfono fijo; un 15.6%, internet; y un 91.9%, por lo menos, un teléfono móvil. En comparación con 2015, el acceso a agua potable aumentó 4.3 puntos porcentuales (pp), seguido por el de desagüe (+3.4 pp), teléfono móvil (+2.9 pp), internet (+2.5 pp) y alumbrado eléctrico (+1.1 pp); mientras que el acceso a televisión por cable cayó 3.6 pp. Evidentemente, estos no son signos de pobreza ni de necesidad de una subvención alimentaria.

Asimismo, las filtraciones no se limitan al PVL. En efecto, un 35% de estos hogares se beneficia de un programa alimentario adicional al PVL y un 17.2% lo hace con dos adicionales. En 2015, estos porcentajes ascendían al 27.8% y el 13.8%, respectivamente, lo que denota un empeoramiento de la situación. Por ejemplo, 273,011 de estos hogares accede al Programa de Desayunos Escolares y 124,467, al Programa Juntos.

En 2017, de acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas, el presupuesto institucional de apertura (PIA) para el PVL ascendió a S/ 363 millones. Al dividir este monto entre el número de beneficiarios, estimado en 991,767 hogares, tenemos que el presupuesto por beneficiario es de S/ 366 al año. Así, tomando en cuenta el número de familia infiltradas, esto se traduce en un desperdicio de recursos públicos equivalente a ¡S/ 213 millones! ¿Realmente podemos permitirnos eso cuando, evidentemente, tenemos necesidades más urgentes por atender? Solucionar el tema de las filtraciones se ha vuelto políticamente inviable a lo largo de los años, lo que se refleja en el hecho de que no se ha evidenciado un progreso real desde 2015 y los recursos de todos los peruanos siguen drenándose.

Según un estudio de Enrique Vásquez, Diego Winkelried y Álvaro Monge, del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, en el caso del PVL, las filtraciones responden a que hay muchos “antiguos pobres” que superaron la pobreza y, pese a ello, siguen percibiendo el programa. Según los autores, “la falta de control de la infiltración tiene que ver con una limitada capacidad del programa de incorporar nueva información de la elegibilidad de beneficiarios”. Esto implica que una solución al problema debería partir de un manejo adecuado de información, tanto de beneficiarios antiguos como nuevos, de modo que se evalúe periódicamente que quienes reciben el programa cumplan las condiciones para hacerlo. Finalmente, si en el PVL existe tal nivel de filtración, ¿cuál será la situación de otros programas de asistencia social?



[1] No se incluyó a las personas afectadas por tuberculosis, pues no están registradas en la Enaho.

[2] Propia totalmente pagada (64.12%), propia por invasión (7.19%) y propia comprándola a plazos (0.05%).

[3] Red pública de desagüe dentro o fuera de la vivienda.


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