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Y AHORA, ¿DÓNDE PONEMOS LA BASURA?

Por ComexPerú / Publicado en Mayo 31, 2019 / Semanario 986 - Actualidad

Hace ya muchos años y, en línea con el crecimiento endógeno y el desarrollo económico y social del mundo, los humanos comenzamos a generar riqueza, pero también desperdicios. Bajo el modelo de economía lineal, el comprar, usar y desechar se volvió lo más usual, e incluso fueron apareciendo cada vez más opciones de consumo pensadas únicamente para la comodidad del usuario y la facilidad de disposición de los productos. Al inicio, la basura se apilaba en botaderos, pero luego, al crecer las ciudades y —obviamente— el interés de las personas por no convivir de cerca con la basura, los desechos comenzaron a colocarse en rellenos sanitarios. Con el crecimiento poblacional, estos últimos fueron insuficientes y políticamente inviables (pues nadie quiere vivir sobre un relleno sanitario ni cerca a uno). No hubo más espacio en la tierra para colocar la basura. ¿Qué hicimos, entonces? Comenzamos a desechar la basura en el mar.

Hoy, de acuerdo con The Ocean Cleanup, existen cinco zonas de acumulación de basura en los océanos (conocidos como “garbage patches”). Solo el de la zona Pacífico Norte (Great Pacific Garbage Patch) cubre cerca de 1.6 millones de km2 de mar, tres veces el tamaño de Francia.

De acuerdo con las últimas cifras del Banco Mundial, una persona promedio en América Latina produce 0.99 kg de basura al día, y nuestro continente ocupa el tercer lugar, luego de Norteamérica (2.21 kg) y Europa y Asia Central (1.18 kg). Una nota curiosa es que los países con altos ingresos generan un 34% de la basura del mundo, mientras que los países con bajos ingresos, solo un 5%. En el caso del Perú, una persona promedio genera 0.76 kg de basura al día.

En cualquier caso, es claro que la situación no da para más. Las economías y el mundo crecen, y lo seguirán haciendo; la tierra está saturada y el mar ya no aguantaría, entonces, ¿dónde comenzaremos a poner la basura?

Este es uno de los puntos clave para pensar en economía circular. Atrás quedaron los días en los que solo se hablaba del reciclaje como mecanismo para reducir la contaminación. Hoy, el concepto de economía circular engloba no solo a los consumidores, sino también a las industrias. Los consumidores deben comenzar a reducir, reusar y reciclar, pero las empresas tienen también que pensar en optimizar los materiales y residuos, para darles una segunda vida. De acuerdo con McKinsey & Company y Ellen MacArthur Foundation, son seis las actividades que toda compañía debería evaluar: utilizar energías y materiales renovables en los procesos productivos (regenerar); mejorar la eficiencia del producto y reducir los desechos en el flujo de producción (optimizar); diseñar mejor los productos y empaques, para que puedan ser reinsertados al flujo de reciclaje local o nuevamente dentro de su proceso productivo (loop); entregar bienes y servicios virtualmente (digitalizar); promover la “sharing economy”, mediante el intercambio de productos o prolongar su vida útil mediante el mantenimiento (compartir), y reemplazar materiales antiguos por otros renovables avanzados o aplicar nuevas tecnologías como la impresión 3D (intercambiar).

Algunos casos típicos: ¿de qué sirve comprar un taladro que vas a usar 4 o 5 veces en toda tu vida si puedes alquilarlo solo cuando lo necesites? ¿O por qué no contratar los servicios de un tercero que se encargue de proveer las computadoras e impresoras multifuncionales de una oficina, de manera que, cuando una se malogre o se vuelva obsoleta, pueda ser devuelta, reparada o reintegrada nuevamente al flujo? Nike, por ejemplo, ha incorporado materiales reciclados en el 71% de su ropa y calzado, e Ikea hoy recompra sus muebles a los consumidores para remanufacturarlos e insertarlos nuevamente al ciclo productivo. Y en la región, Sodimac ya cuenta con un sistema de alquiler de herramientas.

De acuerdo con un estudio realizado por McKinsey, cambiar a un modelo de economía circular, en el caso de Europa, podría suponer, hacia 2030, un aumento en la productividad de los recursos del 3%, ahorro en costos por € 600,000 millones, 0.6 puntos de crecimiento económico adicional al año y una reducción del 48% en las emisiones de CO2. En EE.UU., por su parte, un 16% de las empresas ya integran conceptos de economía circular y un 62% planean hacerlo pronto.

¿Por qué es importante, entonces, la economía circular? Pues porque, sin economía circular, no hay futuro.


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